SEMINARIO I.- ARTE Y PSICOPATOLOGÍA: GENIALIDAD, MELANCOLÍA Y DELITO _ II.- FREUD Y KAFKA, ENTRE LA NEUROSIS Y LA CULPA _ Dr. ADOLFO VÁSQUEZ ROCCA FACULTAD DE PSICOLOGÍA

 

Freud y Kafka: Criminales por sentimiento de culpabilidad _ Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Freud y Kafka: Criminales por sentimiento de culpabilidad

 

Freud y Kafka: Criminales porsentimiento de culpabilidad

 

En torno a la crueldad,  el sabotaje y la auto-destructividad humana

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

MargenCero

 
 
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VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “Freud y Kafka: Criminales por sentimiento de culpabilidad: En torno a la crueldad, el sabotaje y la auto-destructividad humana”, En EIKASIA, Revista de la Sociedad Asturiana de Filosofía SAF, Nº 55 – marzo, 2014 – ISSN 1885-5679 – Oviedo, España, pp. 73 – 92.
 

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LA CULPA Y EL AUTOCASTIGO
Dr. Adolfo Vásquez Rocca.
Inhibición, Síntoma y Angustia

 
La llegada de la pubertad constituye un estadio decisivo en el desarrollo de la neurosis obsesiva. La organización genital, interrumpida en la infancia, reanuda ahora su marcha con intensa energía. Pero, como es sabido, el desarrollo sexual de la infancia marca ya la dirección que seguirá al reanudarse en la pubertad. De este modo despertarán, por un lado, los impulsos agresivos de la época temprana, y, por otro, una parte más o menos considerable -y en los casos peores, la totalidad- de los nuevos impulsos libidinosos emprenderá los caminos trazados por la regresión y surgirá en forma de tendencias agresivas y destructoras. Este disfraz de los impulsos eróticos y las enérgicas formaciones reactivas del yo hacen que la lucha contra la sexualidad continúe ahora en nombre de la ética. El yo se resiste, asombrado, contra los impulsos violentos y crueles, enviados por el ello a la conciencia, sin sospechar que obrando así lucha contra deseos eróticos, que de otro modo hubieran escapado a su intervención. El severo superyó insiste tanto más enérgicamente en la represión de la sexualidad cuanto que ésta adopta formas más repulsivas.
Resultando así que en la neurosis obsesiva aparece el conflicto agudizado en dos direcciones diferentes: las fuerzas defensivas se hacen más intolerantes, y las fuerzas que deben rechazarse más intolerables; ambos por la influencia de un solo factor, de la regresión de la libido. Podría encontrarse una contradicción con respecto a otras de nuestras hipótesis en el hecho de que las representaciones obsesivas desagradables son conscientes. Pero es indudable que antes de llegarlo a ser han pasado por el proceso de la represión. En la mayoría de los casos, el verdadero sentido del impulso instintivo agresivo es ignorado por el yo, siendo menester una considerable labor analítica para hacerlo consciente. Lo que penetra en la conciencia no es, generalmente, sino un sustitutivo deformado, que aparece unas veces borrosamente indeterminado, como un fragmento de un sueño, y otras, irreconocible, bajo un absurdo disfraz. Y aún si la represión no ha destruido el contenido del impulso instintivo agresivo, ha suprimido, en cambio, el carácter afectivo concomitante. Así, la agresión no se muestra al yo como un impulso, sino, según dicen los mismos enfermos, como una mera «idea», que debía dejarlos indiferentes. Lo curioso es que esto no sucede jamás. El afecto ahorrado en la percepción de la representación obsesiva surge, efectivamente, en un distinto lugar.
El superyó se conduce como si no hubiera tenido efecto represión ninguna, como si le fuera conocido el impulso agresivo en su verdadero sentido y con todo su carácter afectivo, y trata al yo de acuerdo a dicho sentido. El yo, que por un lado se sabe inocente, experimenta por otro un sentimiento de culpabilidad, y siente sobre sí una responsabilidad que no acierta a explicarse. Pero el enigma que así se plantea no es realmente tan intrincado como al principio parece. La conducta del superyó es muy comprensible, y la contradicción que surge en el yo no nos muestra sino que ha permanecido incomunicado con el ello a consecuencia de la represión y, en cambio, totalmente abierto a las influencias del superyó. A la pregunta inmediata de cómo es que el yo no intenta sustraerse también a la penosa crítica del superyó, contestaremos que, en efecto, lo intenta, y lo consigue en toda una serie de casos. Existen también neurosis obsesivas exentas de toda conciencia de la culpabilidad, en las que, a nuestro juicio, el yo se ha evitado la percepción de la misma por medio de una nueva serie de síntomas, penitencias y restricciones, encaminadas al autocastigo. Pero estos síntomas significan, al mismo tiempo, satisfacciones de impulsos instintivos masoquistas, que han extraído igualmente de la regresión su mayor intensidad.
 
Inhibición, Síntoma y Angustia (fragmento)
Sigmund Freud (1925)
1.-  Kafka y Freud: El Proceso y la culpa
 
Ante la ley
 
«Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián, y solicita que le permita entrar en la Ley. Pero el guardián contesta que por ahora no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde lo dejarán entrar.
—Tal vez —dice el centinela— pero no por ahora.
La puerta que da a la Ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el hombre se inclina para espiar. El guardián lo ve, se sonríe y le dice:
—Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno más poderoso que el otro. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo mirarlo siquiera.
El campesino no había previsto estas dificultades; la Ley debería ser siempre accesible para todos, piensa, pero al fijarse en el guardián, con su abrigo de pieles, su nariz grande y aguileña, su barba negra de tártaro, rala y negra, decide que le conviene más esperar. El guardián le da un escabel y le permite sentarse a un costado de la puerta.
Allí espera días y años. Intenta infinitas veces entrar y fatiga al guardián con sus súplicas. Con frecuencia el guardián conversa brevemente con él, le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y, finalmente siempre le repite que no puede dejarlo entrar. El hombre, que se ha provisto de muchas cosas para el viaje, sacrifica todo, por valioso que sea, para sobornar al guardián. Este acepta todo, en efecto, pero le dice:
—Lo acepto para que no creas que has omitido ningún esfuerzo.
Durante esos largos años, el hombre observa casi continuamente al guardián: se olvida de los otros y le parece que éste es el único obstáculo que lo separa de la Ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros años audazmente y en voz alta; más tarde, a medida que envejece, sólo murmura para sí. Retorna a la infancia, y como en su cuidadosa y larga contemplación del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, también suplica a las pulgas que lo ayuden y convenzan al guardián. Finalmente, su vista se debilita, y ya no sabe si realmente hay menos luz, o si sólo lo engañan sus ojos. Pero en medio de la oscuridad distingue un resplandor, que surge inextinguible de la puerta de la Ley. Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de esos largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que hasta ahora no ha formulado. Hace señas al guardián para que se acerque, ya que el rigor de la muerte comienza a endurecer su cuerpo. El guardián se ve obligado a agacharse mucho para hablar con él, porque la disparidad de estaturas entre ambos ha aumentado bastante con el tiempo, para desmedro del campesino.
—¿Qué quieres saber ahora? —pregunta el guardián—. Eres insaciable.
—Todos se esfuerzan por llegar a la Ley —dice el hombre—; ¿cómo es posible entonces que durante tantos años nadie más que yo pretendiera entrar?
El guardián comprende que el hombre está por morir, y para que sus desfallecientes sentidos perciban sus palabras, le dice junto al oído con voz atronadora:
—Nadie podía pretenderlo porque esta entrada era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla».

 
 
 
 
 
 
 
 
Toda la obra de Kakfa está atravesada por el tema del juicio, el proceso y la condena; el universo kafkiano es el de las maquinarias burocráticas, despersonalizadas e implacables; un mundo de delatores, víctimas y victimarios. Burocracias; una pesadilla laberíntica donde se admite una culpa de contornos difusos, que —precisamente— por ello reviste un carácter angustiante, incoherente y absurdo. Es pues Kafka quien a la par que Freud, se referirá a los criminales por sentimiento de culpabilidad, donde la culpa preexiste a la falta y en cierta manera la genera.
«El tribunal no te acusa, no hace más que recibir la acusación
que tú te haces a ti mismo». (G. Agamben)
 
La obra de Franz Kafka, mundo de antihéroes, víctimas y victimarios, constituye la mayor contribución artística y literaria a la conceptualización del complejo mecanismo psicológico de la culpa. La obra de Kafka se alimenta de lecturas y motivos freudianos: el miedo, el absurdo y la culpa. Así el protagonista de El Proceso [1] o en El Castillo [2] siente constantemente una amenaza, un constante acecho… Personajes anodinos, viscosos, funcionarios, cada uno enmarañado en sus justificaciones y rutinas.
 
En la convivencia humana normal —no patológica— la autojustificación o la autodefensa siguen a la acusación; en el universo literario kafkiano —en cambio— la autojustificación precede a la acusación, cuya sustancia velada nunca se precisa por parte de los captores, representantes de la Ley —la que aparece como un Poder sin rostro, difuso y abstracto…, siempre dilatorio—, ante la cual alegatos y parlamentos ante innumerables tribunales generan un engañoso sentimiento de avanzar en la causa, pero de no salir jamás de su opresiva atmósfera. [3]
 
Adelantándose a los trabajos Michel Foucault tanto Freud como Kafka describen un poder anónimo e impersonal: no se conocen nombre ni rostro.
 
Todo hace creer que el pecado de Joseph K. es otro. El suyo es la culpa sin nombre y sin motivación, la culpa ineluctable, ni lejana ni cercana, que nadie ha cometido ni en los albores de la tierra, y que puede pesar sobre muchos hombres, como un ala de tiniebla, como una mancha de la cual nunca lograrán lavarse ni el corazón ni las manos. Su pecado, en una palabra, es el atroz sentido de culpa que durante toda su vida torturó a Franz Kafka. [4]
 
En el primer capítulo de El Proceso [5], cuando Joseph K. es acusado sin causa alguna y formalizado detenido sin ser retenido en prisión, uno de los guardias le dice algo siniestro y turbador: Nuestras autoridades… no buscan la culpa entre las gentes sino que, es la culpa la que las atrae… Esta máxima es una perfecta definición del sentimiento de culpa que en un momento dado Freud formula en los siguientes términos: «[…] la conciencia de culpa preexiste a la falta; la culpa no procede de la falta, sino a la inversa, la falta proviene de la conciencia de culpa. A estas personas es lícito designarlas como ‘criminales’ por sentimiento de culpabilidad». [6]
 
Un culpable… es reconocible en medio de una multitud, y esa culpa, como dice un personaje de Kafka, «por sí sola atrae sobre ella la justicia». La culpa les hace «bellos».
 
Los acusados son precisamente los más atractivos. No puede ser la culpa lo que los hace atractivos, porque —así tengo que hablar al menos como abogado— no todos son culpables; tampoco puede ser el castigo futuro el que los hace ya atractivos, porque no todos son castigados; por consiguiente, solo puede ser el proceso iniciado contra ellos lo que de algún modo trae eso consigo.
 
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2.- Criminales por sentimiento de culpa o «Los que delinquen por conciencia de culpa»
 
«[…] la conciencia de culpa preexiste a la falta;
la culpa no procede de la falta,  sino a la inversa,
la falta proviene de la conciencia de culpa. A estas personas es lícito
designarlas como ‘criminales’ por sentimiento de culpabilidad
». [7]
Freud, S.
El hombre es culpable; intencionalmente es un criminal, su crimen reside en la fantasía y en los deseos culpables de la infancia, porque la pulsión de muerte exigió y obtuvo, de una u otra manera, una satisfacción. Las satisfacciones disfrazadas, secretas, latentes se manifiestan por síntomas: la culpabilidad es asimilable a esos síntomas. La institución ya semi-neurótica de un acusador, de un fiscal del otro, del superyó es el agente de la pulsión de muerte.
«Cuanto más inocentes somos, es decir, cuanto mejor nos apartamos de nuestras pulsiones agresivas, más pasan éstas al servicio del superyó y mejor armado está para torturarnos. Así los más ‘inocentes’ llevan la carga más pesada de culpabilidad». [8]
Freud estaba persuadido de que era propio de la naturaleza misma de la doctrina analítica, en lo que respecta —por ejemplo— a esta concepción de la culpa, presentarse como chocante y subversiva. Mientras navegaba hacia los Estados Unidos, no pensaba que llevaba a este país un nuevo bálsamo. Con su habitual humor cáustico, decía a sus compañeros de viaje: «Les llevamos la peste».
Cuando Freud y Jung se dirigían a Estados Unidos para pronunciar unas conferencias sobre Psicoanálisis, el primero dijo al segundo: «Les traemos la peste». Efectivamente, el psicoanálisis es como un jarabe duro de tragar, no se trata de un rechazo intelectual, sino afectivo porque atenta contra los orígenes demasiado humanos de, por ejemplo, la religión; pero ante todo porque es la expresión de la relatividad de los valores, el bien y el mal a menudo no son más que construcciones culturales y sociales con lo que gran parte de lo mejor de nosotros mismos es víctima de una represión, que llevamos a cabo sin caer en la cuenta de que en ello somos unas víctimas de nuestra sociedad y nuestra cultura.
 
 
 
 

 
 
 
3.- El malestar en la cultura: Anatomía de la (auto) destructividad humana
 
En su obra, Más allá del principio del placer [9], Freud se pregunta si el impulso hacia la muerte, autodestructivo, no es acaso el principio fundamental de todos los demás impulsos y al tender todos hacia la muerte, uno puede formular la siguiente paradoja: La vida sólo es una demora de la muerte. Según Freud, la dinámica de la personalidad resulta del antagonismo entre el impulso hacia la vida y el impulso hacia la muerte.
¿Qué representa para Freud la pulsión de la muerte?
Representa la tendencia irreductible de todo ser vivo a retornar al estado inorgánico. Si admitimos que el ser vivo vino después del no vivo, y que surgió de él la pulsión de muerte está perfectamente de acuerdo con la fórmula según la cual una pulsión tiende al retorno a un estado anterior. Según esta perspectiva «todo ser vivo muere necesariamente por causas internas». [10]
 
La pulsión de agresión
 
Los años de la guerra fueron relativamente improductivos y hubo que esperar hasta 1919-1920 para la redacción de Más allá del principio del placer, en la cual y por primera vez Freud arriesgó la hipótesis de una pulsión de muerte.
Más adelante la pulsión de muerte sería designada asimismo con el nombre de Tánatos, en oposición al «divino Eros», que representaba a la pulsión de la vida. Excepto en conversaciones privadas, Freud utilizaba indistintamente los términos de pulsión de muerte o de pulsión de destrucción; pero en una discusión con Einstein a propósito de la guerra, establecería una distinción entre ambos. La pulsión de muerte estaría dirigida contra sí mismo [11], mientras que la segunda, derivada de aquélla, estaría dirigida contra el mundo exterior. En 1909, Stekel había ya utilizado el término de Tánatos para designar un anhelo de muerte, pero le había de corresponder a Paul Federn la difusión del término en su acepción presente.
Es interesante observar que Freud, aun cuando estaba bien impuesto ya desde el comienzo sobre los aspectos salvajes de la naturaleza humana y sus impulsos mortíferos, no hubiese reflexionado de cerca antes de 1915 sobre su aspecto nosológico. Ciertas resistencias relacionadas con su ruptura con Adler debieron precisamente desempeñar algún papel en eso. Es bien sabido que Adler postulaba ya desde 1908 la existencia de una pulsión agresiva primaria. Y sin embargo, según observa Ernest Jones, la concepción de Adler es más sociológica que psicológica, pues la entendía como una lucha por el poder y con la intención de garantizarle la superioridad. La concepción freudiana, en cambio, bordea tanto la biología como la química o la física.
Y, por otra parte, el propio Freud reconocía sin problemas que desde siempre había sentido personalmente una cierta repulsión a aceptar la idea de una pulsión destructora independiente. En El malestar en la cultura [12] escribió: «No puedo comprender cómo pudimos pasar de largo ante la universidad de la agresión no erótica y la destrucción, y de qué modo pudimos omitir concederle la significación a la que tiene pleno derecho en nuestra interpretación de la vida». Y añade: «Recuerdo mi propia actitud defensiva, cuando la idea de una pulsión de destrucción apareció por primera vez en la literatura psicoanalítica, y el tiempo que me fue necesario para que esa idea se hiciese accesible para mí».
Durante el trabajo analítico no hay impresión más fuerte de las resistencias que la de una fuerza que se defiende por todos los medios contra la curación y a toda costa quiere aferrarse a la enfermedad y al padecimiento. A una parte de esa fuerza Freud la individualiza, con acierto, como consciencia de culpa y necesidad de castigo, y la localiza en la relación del yo con el superyó. «Se trata de fenómenos propios del masoquismo inmanente de tantas personas, la reacción terapéutica negativa y la conciencia de culpa de los neuróticos. Estos fenómenos apuntan de manera inequívoca a la presencia en la vida anímica de un poder que, por sus metas, llamamos pulsión de agresión o destrucción y derivamos de la pulsión de muerte originaria, propia de la materia animada» [FREUD, Sigmund, Análisis terminable e interminable (1937), en Obras completas, Volumen XXIII, Buenos Aires, Amorrortu editores, p. 244].

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5.-  Los que fracasan al triunfar
 
Fassbinder alguna vez comentó que si —de niños— algunos artistas malditos resuelven adoptar una conducta desagradable, seguramente es para defenderse del peligro de ser rechazado sin razón aparente.
El mismo Freud señala el caso de ciertos niños «díscolos» que recién cuando son castigados se quedan «calmos y satisfechos». [19] Se produce entonces un circuito en el que cronológicamente se produce, primero, el mal comportamiento y luego el castigo; mientras que, lógicamente, se produce primero la conciencia de culpa (originada en el complejo de Edipo) luego la necesidad de castigo que impulsa el comportamiento sedicioso y finalmente el castigo que remite a la necesidad de castigo por el crimen originario de la muerte del padre.
Se supone que los niños que están destinados a ser «futuros saboteadores» de su propio éxito, han sido niños con un gran talento natural. Estos dones facilitarían sus potenciales logros. El primer éxito experimentado por estos niños es la situación de haber logrado, muy tempranamente, ser los preferidos de su madre. Las fantasías de exclusiva posesión de la madre se acompañaron de grandes dificultades para separarse de ella. En el desarrollo normal, el niño puede reconocer que él no satisface los deseos de su madre; que ella necesita de otro adulto, el padre, y esto lo tienen claro aun en los casos de viudez o divorcio, dado que siempre hay sustitutos paternos. «Los que fracasan al triunfar» perciben al padre como muy agresivo e intensamente envidioso del vínculo madre-hijo, mientras a la madre la sienten como intrusiva y demandante de atención y gratificación. De allí que el joven hará desesperados esfuerzos para separarse —a la brevedad— como un pseudoadulto en un intento de romper el lazo con la madre.  Al acceder al éxito, la excitación narcisística, la imagen de sí mismo como un triunfador edípico y paralelamente la de ser como una parte valiosa del cuerpo de la madre (falo) es excesivo para la barrera de la represión contra los deseos incestuosos. Ser exitoso de una manera tan apasionante es demasiado arriesgado. Cuando se sabotean, simbólicamente se castran a sí mismos, pero mágicamente dejan de ser el codiciado falo de madre, sintiéndose por fin autónomos. El éxito representaría seguir siendo una parte de la madre y el fracaso es percibido como únicamente propio.
«Los que fracasan al triunfar» [20] son personas que una vez que han logrado un éxito determinado (como por ejemplo una conquista amorosa largamente esperada, o una promoción profesional de mayor responsabilidad, prestigio y retribución económica) lejos de disfrutar del éxito, experimentan cierta sensación de fracaso psicológico, profesional, emocional y aun personal. El profesor que al conseguir la cátedra le entra depresión y tiene que darse de baja sin acceder a su puesto. Y como ellos vivencian su fracaso pasivamente, sólo bajo análisis clínico pueden ser capaces de reconocer su participación activa en ese proceso. Este dramático rasgo de carácter (patológico), descrito por Freud en 1916, está basado en una dinámica inconsciente vinculada con la tendencia a sabotearse. El síntoma del  «saboteador» es la que lleva al criminal a dejar —inconscientemente—  una pista, necesita ser descubierto, de esto —del auto-boicot— Hitchkcok ha hecho una profesión de fe. [21]
Es el caso del criminal que aun cuando conscientemente trata de eludir las consecuencias y penalidades de sus actos, en él operan fuerzas inconscientes que le impulsan a buscar castigo. La puesta en juego de estas tendencias autopunitivas explicaría esos casos en el que un delincuente es atrapado a causa de que comete errores inexplicables. No se trata de simples descuidos, sino de algo más absurdo que puede interpretarse como «una traición a sí mismo»; lo que ha operado es el poderoso deseo de ser castigado.
Es parte de la naturaleza humana sentir culpa cuando se transgreden normas. La carencia de esta capacidad de sentir culpa caracteriza a las personalidades psicopáticas. El sentimiento de culpa explica porqué un «crimen perfecto» es en todo caso infrecuente; la necesidad inconsciente de ser castigado puede ser una fuerza propulsora más poderosa que el deseo consciente de evadir la ley, de ahí que en los anales de la criminología se relatan numerosos casos de criminales que planean sus casos minuciosamente y no obstante cometen errores y dejan indicios que permiten a la policía aclarar los hechos y aprehender a sus autores.
Es —patológicamente— frecuente que ciertos criminales se expongan a ser detenidos por visitar el escenario de su crimen. Esto puede relacionarse tanto con la necesidad de ser castigado, como por la necesidad, también inconsciente, de retar al destino y proclamando al mundo que se es poderoso, aun cuando la tentación de ser reconocido  puede llevarle a colaborar con la pesquisa.

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6.-  Neurosis y culpabilidad
El neurótico suele sentirse mucho más cómodo, e incluso perder ciertos síntomas, al ocurrirle algún suceso adverso: reveses de fortuna o accidentes. La observación de estas reacciones, así como la circunstancia de que el neurótico a veces parece disponer o promover los desgraciados acontecimientos que le ocurren, aunque solo sea inadvertidamente, nos induce a aceptar que el enfermo sufre tan poderosos sentimientos de culpabilidad, que despiertan en él la urgencia de castigo a fin de aliviarlos. [22]
Además, las autoacusaciones, que tan a menudo se interpretan como signos de sentimientos inconscientes de culpabilidad en el neurótico, se caracterizan por elementos a todas luces irracionales. El neurótico tiende a apelar a la más extrema irracionalidad, desde las groseras exageraciones hasta la más flagrante fantasía, no solo en sus autoacusaciones específicas, sino también en sus sentimientos difusos de no ser acreedor a amabilidad, elogio o éxito algunos.
El temor desproporcionado a la reprobación es susceptible de extenderse ciegamente a todos los seres humanos, o abarcar solo a los amigos, si bien de ordinario el neurótico es incapaz de distinguir con claridad entre amigos y enemigos. Al principio solo se refiere al mundo exterior, y en mayor o menor grado siempre se vincula con la reprobación del prójimo, pero también puede llegar a «internalizarse». Cuanto más suceda esto, tanto más se reducirá la importancia que se otorga a la reprobación exterior, comparada con la que el sujeto se confiere a sí mismo.
El temor a la reprobación puede manifestarse de diversas maneras. A veces se traduce en constante aprensión de molestar a la gente; así, el neurótico suele tener miedo de rehusar una invitación, de estar en desacuerdo con algún parecer, de expresar cualquier deseo, de transgredir las normas establecidas o de llamar la atención bajo cualquier forma. Puede manifestarse también como un persistente temor de que la gente descubra algo acerca de él, y aun cuando se sienta querido, tenderá a replegarse en sí mismo a fin de impedir la posibilidad de ser desenmascarado y repudiado; igualmente es susceptible de traducirse en una desmesurada reticencia a dar a conocer algo de su vida privada, o en una desproporcionada ira frente a la más inocente pregunta que le ataña, pues siente que con ella se intenta inmiscuirse en sus asuntos.
En cuanto al contenido peculiar de sus secretos, el neurótico trata de disfrazar, antes que nada, la suma total de lo que suele abarcar el término «agresión» (el cual no sólo incluye su hostilidad reactiva —rabia, deseos de venganza, envidia, impulsos a humillar y otros análogos— , sino también todas sus secretas exigencias dirigidas hacia los demás). En segundo lugar, desea mantener oculto cuán débil, inseguro e indefenso se siente, cuán poco capaz es de afirmarse a sí mismo, y cuánta es la angustia que sufre. Por tal razón erige una fachada de aparente energía, pero cuanto más sus anhelos particulares de seguridad se concentran en el dominio del prójimo, cuanto más se vincula su orgullo a la noción de poderío y de fuerza, con tanta mayor profundidad se desprecia. No solo percibe que la debilidad significa un riesgo, sino que también la juzga desdeñable, en sí mismo como en el prójimo, y no vacila en considerar endeblez cualquier insuficiencia, ya consista ésta en no ser el amo de su propia casa, en la incapacidad de superar los obstáculos en su misma persona, en la precisión de aceptar ayuda ajena, o incluso en el hecho de estar poseído por la angustia. Dado que desprecia radicalmente toda «debilidad» en sí mismo, y como no puede dejar de creer que los otros también lo detestarán si llegaran a descubrir su flaqueza, realiza denodados esfuerzos para ocultarla, pero sigue subyugado por el constante temor de que tarde o temprano se lo desenmascarará; de ahí su permanente angustia.
Estos sentimientos de culpabilidad, con las autoacusaciones que los acompañan, no solo son el resultado —y no la causa— del miedo a la reprobación; representan, asimismo, una defensa contra éste. Cumplen para ello la doble finalidad de inducir a los demás a reconfortar al sujeto y de trastocar el verdadero estado de cosas; esto último lo consiguen distrayendo la atención de lo que es preciso encubrir, o manifestándose en forma tan exagerada que dejan de parecer sinceros.
Las autoacusaciones no solo protegen del miedo a la reprobación; también incitan a reconfortar al sujeto, pues los demás se sienten obligados a disuadirlo de su pretendida culpabilidad. Pero asimismo ofrecen cierto reconfortamiento, aunque no intervenga otra persona, pues levantan el autoaprecio del neurótico al demostrarle que posee un juicio moral tan agudo, que se incrimina a sí mismo de faltas que otros pasan por alto, haciéndole sentirse de esta manera, en última instancia, como una persona auténticamente admirable. También le brindan cierto alivio, ya que por lo general no tocan el real motivo del descontento consigo mismo, dejándole de esta suerte abierta una puerta secreta para la creencia de que, después de todo, no es tan malvado como pareceDr. Adolfo Vásquez Rocca
VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “Freud y Kafka: Criminales por sentimiento de culpabilidad: En torno a la crueldad, el sabotaje y la auto-destructividad humana”, En EIKASIA, Revista de la Sociedad Asturiana de Filosofía SAF, Nº 55 – marzo, 2014 – ISSN 1885-5679 – Oviedo, España, pp. 73 – 92.
 
 
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ILUSTRACIONES
(Encabezamiento) 
Obra Kafka, el Proceso o criminales por sentimiento de culpabilidad, por Adolfo Vásquez Rocca (©), en ArteLista Galería virtual de Arte Contemporáneo | (En el cuerpo del artículo) Kafka5jahre, [public domain], via Wikimedia Commons y Sigmund Freud, By César Blanco from Mexico (Sigmund Freud  Uploaded by Viejo sabio) [CC-BY-2.0 (http://creativecommons.org/
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NOTAS
La presente investigación —publicada en forma inédita en Revista Almiar (Margen Cero)—, es una primera entrega de un proyecto de investigación mayor —en marcha— que desarrollo como Académico Investigador de la Vicerrectoría de Investigación y Doctorados y Docente de la Escuela de Psicología de la Universidad Andrés Bello, UNAB. Una próxima entrega podrá recoger una buena parte de los elementos aquí expuestos para hacerlos objeto de una revisión o profundización. Los estudios culturales avanzan en una pesquisa que de seguro dará lugar a una red de textos en despliegue, confirmando la antigua sospecha de los cabalistas, ante la vertiginosa deriva, ante el desplazamiento permanente, ante la sobre-interpretación. En cuanto un texto se convierte en «sagrado», como es la obra de Freud,  para cierta cultura, se vuelve objeto de un proceso de lectura sospechosa y, por lo tanto, de lo que el semiólogo Umberto Eco ha denominado exceso de interpretación. Esto también acontece con las interpretaciones de la Biblia, en lo que constituye  el nuevo index del cristianismo, y también —de modo principal— en la exégesis judía, el antiguo canon, donde se ha practicado con predilección el género del comentario. La exégesis judía da cabida a  glosas de las Sagradas Escrituras, que generan asimismo otros comentarios, en un interminable proceso de despliegue textual, método al cual Freud nunca fue ajeno.

 
 
 
[1] KAFKA, Franz, El Proceso, (Der Prozess) 1925, Alianza Editorial, Madrid, 1994.
 
[2] KAFKA, Franz, El Castillo, (Das Schloß)  1922. Novela inacabada, Alianza Editorial, Madrid, 1995.
 
[3] MASSONE, Antonio,  Kafka o la zozobra de lo humano, pp. IX – XXI, en prólogo de Obras Escogidas de Franz Kafka,  Editorial Andrés Bello, Santiago, Santiago 1992.
 
[4] CITATI, Pietro, Kafka,  Cátedra Ediciones, Colección  Travesías, Versal, Madrid, 1993,  p. 144.
 
[5] El relato Frente a la ley lo publicó Kafka en varios contextos diferentes: como relato autónomo en el diario Selbstwehr (1915), algo más tarde en el libro Der jüngste Tag, y más tarde tejido dentro de otros relatos como en Ein Landarzt y Der Prozeß. Este último libro, publicado postreramente, terminó siendo «armado» por Max Brod ya que Kafka iba escribiendo diversos capítulos pero era incierto el orden que tomarían en el diseño final de la obra, que quedó inconclusa.
 
[6] FREUD, Sigmund.: Obras Completas, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1995, Vol.14:  Algunos tipos de carácter  dilucidados por el trabajo psicoanalítico (1916): Los que delinquen por sentimiento de culpabilidad. Extraído de: Sigmund Freud. Obras completas. Volumen 14 (1914-1916).Amorrortu Editores.  Bs. As., 1979, p. 338.
 
[7] Ibid.
 
[8] MANNONI, Octave, Freud; El descubrimiento del inconsciente, Ediciones Nueva Visión SAIIC., Buenos Aires, 1987,  pp. 139 – 140.
 
[9] FREUD, Sigmund. Obras completas de Sigmund Freud. Volumen XVIII – Más allá del principio de placer, Psicología de la masas y análisis del yo, y otras obras (1920-1922). 1. Más allá del principio de placer (1920). Traducción José Luis Etcheverry. Buenos Aires & Madrid: Amorrortu editores.
 
[10] FREUD, Sigmund, «Hay en todo ser vivo la tendencia a regresar al estado anterior de no-vivo, ‘todo ser vivo muere necesariamente por causas internas”». En Más allá del principio de placer (1920), Amorrortu editores, Buenos Aires (234).
 
[11] FROMM, Erich (1975). Anatomía de la Destructividad Humana. México: Siglo XXI Editores, 1989.
 
[12] FREUD, Sigmund, El malestar en la cultura, Alianza Editorial, Madrid, 2004.
 
 
[14] Ibid, p. 80.
 
[15] MANNONI, Octave, Freud; El descubrimiento del inconsciente, Ediciones Nueva Visión SAIIC., Buenos Aires, 1987,  pp. 139 – 140.
 
[16] El sentimiento de culpabilidad se incuba progresivamente en la conciencia del «yo», como estructura diferenciada del «ello», cuando entran en conflicto sus imperiosas tendencias, con las impositivas y represoras exigencias del «super-ego», como estructura diferenciada del «yo»: «El sentimiento de culpabilidad, afirma en El Malestar en la Cultura, es la percepción que tiene el “yo” de la vigilancia que se le impone, es su apreciación de las tensiones entre sus propias tendencias y las exigencias del “super-ego”».
 
[17] FREUD, Sigmund, El malestar en la cultura, en Obras completas, Editorial Biblioteca Nueva, Madrid 1968, vol. III p.50-51.
 
[18] FREUD, Sigmund, El malestar en la cultura, 1930, p. 64.
 
[19] FREUD, Sigmund, (1916:339).
 
[20] FREUD, Sigmund.: Obras Completas, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1995, Vol.14: Algunos tipos de carácter  dilucidados por el trabajo psicoanalítico (1916): Los que delinquen por sentimiento de culpabilidad. II – Los que fracasan cuando triunfan, pp. 323 – 337.
 
_____,___ (1916), Algunos tipos de carácter dilucidados por el trabajo Psicoanalítico. En S. Freud, O. C., Bs. As.: A. E., XIV.
 
[21] TRUFFAUT, François. El cine según Hitchcock, Alianza Editorial, Madrid, 2002, p. 98.
 
[22] HORNEY,  Karen,  La personalidad neurótica de nuestro tiempo, Editorial Paidós, Buenos Aires (Argentina), 1971. p. 13

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Adolfo Vásquez Rocca. Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Com- plutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, mención Filosofía Contemporánea y Estética. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Profesor de Antropología y Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la Universidad Andrés Bello UNAB. Profesor de la Escuela de Periodismo, Profesor Adjunto Escuela de Psicología y de la Facultad de Arquitectura UNAB Santiago. –Miembro del Consejo Editorial Internacional de la ‘Fundación Ética Mundial‘ de México. Director del Consejo Consultivo Internacional de ‘Konvergencias‘, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo, Argentina. Miembro del Consejo Editorial Internacional de Revista Praxis –Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional UNA, Costa Rica. Miembro del Conselho Editorial da Humanidades em Revista, Universidade Regional do Noroeste do Estado do Rio Grande do Sul, Brasil y del Cuerpo Editorial de Sophia –Revista de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador–. –Secretario Ejecutivo de Revista Philosophica PUCV. –Asesor Consultivo de Enfocarte –Revista de Arte y Literatura– Cataluña / Gijón, Asturias, España. –Miembro del Consejo Editorial Internacional de ‘Reflexiones Marginales‘ –Revista de la Facultad de Filosofía y Letras UNAM.  –Miembro del Comité Editorial de International Journal of Safety and Security in Tourism and Hospitality, publicación científica de la Universidad de Palermo. –Miembro Titular del Consejo Editorial Internacional de Errancia, Revista de Psicoanálisis, Teoría Crítica y Cultura –UNAM– Universidad Nacional Autónoma de México.  –Miembro de la Federación Internacional de Archivos Fílmicos (FIAF) con sede en Bruselas, Bélgica.  Director de Revista Observaciones Filosóficas. Profesor visitante en la Maestría en Filosofía de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. – Profesor visitante Florida Christian University USA y Profesor Asociado al Grupo TheoriaProyecto europeo de Investigaciones de Postgrado –UCM.  Eastern Mediterranean University – Academia.edu. Académico Investigador de la Vicerrectoría de Investigación y Postgrado, Universidad Andrés Bello. –Investigador Asociado y Profesor adjunto de la Escuela Matríztica de Santiago –dirigida por el Dr. Humberto Maturana. Consultor Experto del Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad (CNIC)– Artista conceptual. Crítico de Arte. Ha publicado el Libro: Peter Sloterdijk; Esferas, helada cósmica y políticas de climatización, Colección Novatores, Nº 28, Editorial de la Institución Alfons el Magnànim (IAM), Valencia, España, 2008. Invitado especial a la International Conference de la Trienal de Arquitectura de Lisboa | Lisbon Architecture Triennale 2011. Traducido al Francés – Publicado en la sección  Architecture de la Anthologie: Le Néant Dans la Pensée Contemporaine. Publications du Centre Français d’Iconologie Comparée CFIC, Bès Editions, París, ©  2012.
 ADOLFO VÁSQUEZ ROCCA PH.D.

 

Web del Autor: http://www.danoex.net/adolfovasquezrocca.html
E-mail
→adolfovrocca@gmail.com

Vásquez Rocca, Adolfo, “Freud y Kafka: Criminales por sentimiento de culpabilidad: En torno a la crueldad, el sabotaje y la auto-destructividad humana”, En EIKASIA, Revista de la Sociedad Asturiana de Filosofía SAF, Nº 55 – marzo, 2014 – ISSN 1885-5679 – Oviedo, España, pp. 73 – 92. http://www.revistadefilosofia.org/55-04.pdf

 
 

SEMINARIO I.- ARTE Y PSICOPATOLOGÍA: GENIALIDAD, MELANCOLÍA Y DELITO _ II.- FREUD Y KAFKA, ENTRE LA NEUROSIS Y LA CULPA _ Dr. ADOLFO VÁSQUEZ ROCCA FACULTAD DE PSICOLOGÍA

 

Vásquez Rocca, Adolfo, “Freud y Kafka: Criminales por sentimiento de culpabilidad: Crueldad, Neurosis y Civilización”, En ERRANCIA, La Palabra Inconclusa– Revista de Psicoanálisis, Teoría Crítica y Cultura, Nº 3 © 2012, Universidad Nacional Autónoma de México UNAM http://www.iztacala.unam.mx/errancia/v8/PDFS_1/TEXTO%20POLIETICAS%202%20ERRANCIA%208.pdf
En Poliéticas del Cuerpo: http://www.iztacala.unam.mx/errancia/v8/polieticas_2.html

 

  Vásquez Rocca, Adolfo, “Freud y Kafka: Criminales por sentimiento de culpabilidad: En torno a la crueldad, el sabotaje y la auto-destructividad humana”, En Revista Almiar –Margen Cero– Nº 71 | noviembre-diciembre 2013, Madrid. http://www.margencero.com/almiar/vasquez-rocca-freud-y-kafka/


 

ARTE Y PSICOPATOLOGÍA

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

“GENIALIDAD, MELANCOLÍA Y DELITO; LA ÉPOCA CRIMINAL DE LO MONSTRUOSO”

 

 

Culpa y Psicopatía. Freud
La repetición. Impulso y psicopatía.
Las descompensaciones por frustración.
Cosificación. Neurosis y Psicopatía.
Adoctrinamiento y psicopatía.
Persona versus cosa.
Egocentrismo. Sobrevaloración y Seducción
Mentira. Actuación. Fascinación.
Coerción. Parasitismo. Relaciones utilitarias.
Insensibilidad. Crueldad. Intolerancia a la Frustración
 

Fuente (original)

Dr. Hugo Marietan
 
Características psicopáticas. Los conceptos que se van a abordar son el fruto de largos años de investigación sobre este tema en la teoría, pero por sobre todas las cosas en la practica clínica: con la observación de psicópatas, de complementarios, de hijos o parejas de psicópatas, de padres, hermanos. Muchas ideas que leerán no serán encontradas en la literatura sobre el tema, precisamente porque es el resultado de concluir en base a la observación en lugar de tratar de forzar un conocimiento teórico a la realidad clínica. La idea es que ustedes puedan detectar los psicópatas o sus efectos sobre la familia. Y aquí mismo va algo que he concluido hace poco tiempo sobre la familia y el psicópata y que les puede ser de utilidad. En el grueso de los casos de psicópatas, la psicopatía se ejerce fuera de la familia. Puede resultar un padre particular o esposo distinto, pero la mayor radiación psicopática es hacia afuera. Pero en un porcentaje chico esa psicopatía se ejerce en la misma familia. A veces este accionar es explícito, florido y no hay mayores dificultades de detectarlo; otras es solapado y se lo descubre por sus efectos siguiendo el siguiente principio: “cuando en una familia la mayoría de sus miembros presentan trastornos psicopatológicos graves, hay un psicópata” Por lo general es el padre, la madre o un conviviente adulto (abuela, tía, etcétera). Va como ejemplo el de una familia que consulta por una crisis psicótica de la hija, el hermano está internado en una clínica de recuperación de drogadictos, el padre en permanente descompensación ansiosa pero se presenta colaborador y preocupado, al igual que la madre, en el tratamiento de su hija. La madre parecía llevar con resignación semejante peso, hasta que poco a poco, a lo largo de tres meses, se fueron detectando los rasgos psicopáticos: jugadora compulsiva, manipuladora, mentirosa pertinaz pero hábil, robaba dinero a la madre, a sus hijas a su propia madre. Pero si no se estaba atento parecía simplemente una madre sobrellevando un problema. Todos giraban en torno a ella, nadie podía salir de esa órbita, como un sol negro tomaba la energía de todos y no los dejaba desarrollarse. Cuando tratemos los casos de familia abundaremos sobre este caso y otros semejantes. El otro principio es de gran utilidad semiológica y lo descubrí tratando a algunos psicópatas que me hicieron concluir que: “los psicópatas pueden presentar rasgos neuróticos”. En la literatura se menciona que los neuróticos pueden presentar rasgos psicopáticos, esto en cierto sentido es real, en su momento discutiremos que hay enormes diferencias cuali y cuantitativas en estos rasgos en uno y otro. Pero el hecho que los psicópatas presenten rasgos neuróticos es una fuente permanente de confusión por dos motivos, primero porque hasta el momento no hay un gran conocimiento sobre el psicópata que yo llamo “cotidiano”, aquel que no es un delincuente, asesino o violador, que no presenta una psicopatía como para salir en los diarios. Puede ser un profesional, un empresario, un empleado, una maestra, un ama de casa y ejerce su psicopatía en un grupo reducido. Segundo, y como consecuencia de lo primero, si presenta rasgos neuróticos, es diagnosticado si o sí como neurótico y se tardan años (a veces nunca se los descubre) en darse cuenta que están frente a un psicópata detrás de una cortina de humo neurótica. Empezaremos con el tema de hoy que es el siguiente: Caracterización y discusión de rasgos: Descriptor de psicopatía 1) Satisfacción de necesidades distintas: a) Uso particular de la libertad Necesidades distintas A principios del 2003 debía hacer algunas reparaciones de albañilería en uno de mis consultorios por lo que contraté a un recomendado de la joven encargada de la limpieza. Vino al día siguiente, muy temprano, un hombre de unos 35 años. La tarea era bastante pesada y el hombre menudo, pero habilidoso. Pasado el mediodía mandé a comparar un sándwich, de esos de pan francés que desbordan milanesa, generoso en tomate y lechuga. Se lo llevo, el hombre agradece y mientras lo come muy lentamente y sin que yo se lo pidiera me cuenta una historia: “Yo, hasta hace tres meses, estuve preso durante un año en una de las cárceles más bravas. El pan de este sándwich es tres veces más grande de lo que comía en la celda. Estaba en las celdas comunes junto a otros veinticinco presos más, a la mañana temprano los guardias dejaban un cesto con pedazos de pan y todos nos abalanzábamos para agarrar un pedazo en medio de empujones, codazos y trompadas. Si te tocaba algo, bien, sino a esperar hasta el mediodía. A eso de las doce se abría otra vez la puerta y dejaban una olla grande por lo general con polenta aguachenta y allí íbamos todos sobre la olla, como animales, tratando de meternos unos bocados. A la cuchara común que teníamos provista le doblábamos el mango para hacerla tipo cucharón, de esa manera se caía menos polenta en medio de los forcejeos. Y eso se repetía a las cinco y a la cena. Vivíamos con hambre. Pero con mucho hambre; dolía el estómago, para calmarlo tomábamos agua. Por un rato pasaba y luego otra vez. Sólo pensábamos en comer y en defendernos de los otros y en cuidarnos del capo (cada celda tenía su jefe, un preso, de los pesados, que a su vez tenía su jefe en otras celdas, si algo andaba mal en nuestra celda -mal según lo que consideraban mal ellos- la ligaba nuestro capo). Pensábamos en comer, soñábamos con comida, y hubiéramos hecho cualquier cosa por comer. Ocupaba toda nuestra cabeza y esas cuatro a cinco cucharadas de polenta pasaron a ser algo exquisito. Había otras maneras de conseguirse comida, pero había que tener plata o tarjetas para llamar por teléfono o pastillas o cigarrillo o droga; con alguna de esas cosas uno conseguía que el de la cocina te de un poco de comida o un sándwich. Se escondía entre la ropa la comida y se la comía a escondidas, sino te la sacaban a trompadas. Lo mismo pasaba cuando te traían comida los familiares: el capo elegía lo que a él le gustaba y después te daba la encomienda que tenías que defenderla de los otros presos, por lo general te quedabas con un pedazo de algo y el resto lo comían los que arrebataban. De chico era pobre, era escasa la comida, pero nunca pasé tanto hambre como en la cárcel. Había otros sectores, estaba el sector VIP, pero para estar allí hacía falta mucha plata y mantenerse con plata, porque si se te acababa, te bajaban a las celdas comunes y ahí no contabas el cuento. Odiaban a los del VIP. El otro sector era el de los Testigos de Jehová, los religiosos, allí estabas protegido (se cuidaban mucho entre ellos), pero tenías que hacer buena letra, ellos te elegían y te ponían a prueba un mes. En realidad te podían echar en cualquier momento y cuando volvías a los comunes te daban una paliza de aquellas. Con los Testigos tenías que levantarte a las cinco de la mañana todos los días, rezar una hora para agradecer el pan que veían una hora después. A las seis llegaba la canasta con el pan y ellos repartían pedazos iguales para todos, comías en silencio y luego otra hora de rezos para agradecer lo que comiste. A las once otra vez a rezar una hora por la polenta, que era la misma cantidad, pero sin forcejeos. No había violencia, pero teníamos que cuidarnos de no meter la pata porque nos echaban. Si recibíamos una encomienda teníamos que repartirla entre todos en partes iguales. O sea que nos moríamos de hambre igual, pero sin trompadas. Mis familiares contactaron con un abogado muy piola que me sacó enseguida, ahora trabajo gratis para él, hasta pagarle la deuda, creo que en dos años voy a estar a mano. Tuve suerte, los que cayeron conmigo todavía están presos”. A veces en las clases sobre psicopatía es difícil transmitir la idea de necesidad. Yo me valgo de narraciones como estas para dar un acercamiento al concepto porque es muy raro que el auditorio, estudiantes de medicina, médicos, psicólogos, etcétera, puedan comprender, en sentido de Dilthey, lo que es sentir una necesidad; en general para ellos hambre, por ejemplo, es el apetito o tener ganas de comer algún tipo de alimento y ambos son postergables hasta una hora conveniente. Por otro lado, el hecho de que exista suficiente cantidad de alimento a disposición es una idea que tranquiliza. Muchos de los que escuchan o están leyendo esto, comen “porque es la hora de comer”. El hambre es una necesidad de alimento que cuanto más pasa el tiempo sin satisfacerla más ocupa la mente. Llega un momento, como contaba el preso, que es en lo único que se piensa. Al pasar de los días el hambriento va dejando atrás sus capas de civilización con tal de conseguir llevarse algo comestible a la boca, hasta contactar con su esencia animal, y allí no hay leyes comunes, sólo la de sobrevivir. Aún así hay diferencia entre un común y un psicópata. La necesidad extrema de un común puede ser entendida por otros, si alguien roba para comer y sus circunstancias “lo justifican”, se puede llegar a la idea de que robó “porque no le quedaba otra; yo, en su lugar, hubiese hecho lo mismo (empatía)”. Pero ocurre que el psicópata tiene necesidades especiales, es decir, por fuera de las necesidades compartidas por los comunes. Y esa necesidad ‘especial’ tiene la misma fuerza para impeler a la acción que una necesidad común, el hambre por ejemplo. Al ser distinta la necesidad pierde su capacidad de empatía, los comunes, el grueso de la población, no pueden comprenderla. Pongamos un ejemplo: la necesidad de matar. Todos tenemos la capacidad de matar si las circunstancias especiales nos colocan en la alternativa: él o yo, o mi familia o ellos, etcétera, si es una cuestión de defensa extrema, de sobrevivencia. Pero no tenemos la necesidad de matar. Hay un tipo de manifestación de psicopatía, el asesino, que experimenta esa necesidad. El debe cumplimentar esa necesidad, debe matar. En estos tiempos de inseguridad grave en Argentina ocurren robos a mano armada muy frecuentemente. Los robos a mano armada en Argentina, en esta época de inseguridad grave, son frecuentes. La enorme mayoría de ellos, si no hay resistencia de parte de la víctima, se resuelve con la entrega del dinero. Hay casos en que la victima es herida o muerta si el asaltante está drogado o interpreta que hay resistencia, o que lo va a reconocer, etcétera. Pero hay un pequeño porcentaje en que la víctima no se resiste, entrega todo, e igual resulta muerta, porque se topó no con un simple asaltante sino con un asesino, alguien que necesita matar. Este último caso es muy difícil de entender para el común, y esto es así, porque evalúa con códigos comunes, con una escala de valor compartida, un hecho que tiene su raíz en algo especial, por fuera de su rango de razonamiento. La repetición Evaluemos otra característica de la necesidad: la repetición. Volvamos a nuestro ejemplo del hambre. Hay una secuencia: tenemos hambre, ingerimos alimento, pasa el hambre. Tiempo después, volvemos a tener hambre y repetimos la secuencia. Es decir, el hambre no es un hecho circunstancial o transitorio, sino que está instalado en nosotros, es permanente. Al ser saciado amaina, desocupa nuestra mente, pero está. Cuando los parámetros fisiológicos así lo determinan, vuelve a ocupar nuestra mente y accionamos en busca de alimento. Una y otra vez. La necesidad se hace presente en nuestra mente y repetimos las acciones para satisfacerlas. A cualquiera le resulta sencillo asimilar así y con este ejemplo, el concepto de repetición de un accionar. Pero si en lugar de hambre colocamos como necesidad matar, ya no es comprensible. Yo era amigo de un compañero de estudio de medicina. El era de esos pocos que desde primer año ya sabía que iba a especializarse en cirugía. Estudiaba anatomía con pasión, pedía permiso para quedarse hasta tarde disecando cadáveres. Cuidaba sus manos con esmero y, justo es decirlo, tiene un pulso envidiable. Nos graduamos y hasta el día de hoy nunca me perdonó que me dedicara a la psiquiatría, especialidad que le merecía un calificativo que no repito para no ofender. Cierta vez lo fui a visitar a una de sus guardias de cirugía. Lo encontré pálido, sudoroso, muy inquieto, se veía muy mal. Le pregunté qué le pasaba, se resistió un poco, pero en honor a nuestra amistad, me tiró la planilla de operaciones. Estaba vacía. “Te das cuenta lo que me pasa, no tengo a quién cortar, eso me tiene mal”. Eso me dejó de una pieza y recién hace pocos años, después de estudiar estos temas, logré entender aquel episodio. Él tenía una necesidad, “tenía hambre de cortar” y en esa guardia no podía satisfacerla; sólo le quedaba la esperanza de una emergencia. Él es un cirujano brillante, y sé que muchos cirujanos no lo entenderán, pero sé también que algunos de ellos se sentirán aliviados de saber que hay otros que sienten, como ellos, estas necesidades. Uso particular de la libertad Existen distintos tipos de acercamiento al concepto de Libertad, aquellos que la consideran una facultad relacionada con la inteligencia y la razón y otros que la asimilan a una capacidad para decir sí o no (Sastre). De las posturas nihilistas recortamos la de B. Spinoza: “los hombres se engañan al creerse libres; y el motivo de esta opinión es que tienen conciencia de sus acciones, pero ignoran las causas por las que son determinadas; por consiguiente lo que constituye su idea de libertad, es que no conocen causa alguna de sus acciones.(Ética, 2º parte, proposición XXXV). Las personalidades psicopáticas tienen un particular sentido de la libertad. Ser libre, en sentido pragmático, es poder hacer sin impedimentos. Poder optar. Las trabas a la expansión de la acción, pueden ser internas o externas. A las primeras la llamamos inhibición o represión a las segundas presión ya sea social o del medio en sí. Si seguimos el hilo de razonamiento que nos trajo hasta aquí, el concepto de necesidad, y sobre todo el de necesidades especiales, rápidamente intuiremos que para las acciones comunes nos basta con un rango acotado de libertad; no ejecutamos acciones especiales para las tareas rutinarias y comunes, en consecuencia no ampliamos nuestro concepto de libertad para llevarlas a cabo, ni es necesario que nos reprimamos. Cumplimentar una necesidad especial requiere a su vez del ejercicio de una amplitud del sentido de libertad, de un desapego de las inhibiciones comunes, un apartarse de las represiones estándar. Un ampliar el accionar a tal expansión que lleve a los actos útiles para satisfacer la necesidad especial. Esta mente se abre paso sin los escollos represivos que normalmente inhiben las acciones de los comunes. Debe permitirse hacer más allá de lo permitido. Debe ejercer una libertad particular que abarque los confines de su necesidad especial. Y este permitirse hacer debe estar a su vez libre del reproche interno, de lo que llamamos culpa, de lo contrario no sería ‘libertad’, sino ‘penosa obligación’, llegando al absurdo de matar por necesidad y luego llorar sobre el cadáver, derrumbado por la culpa. El psicópata debe caminar sobre cadáveres con la tranquilidad interna, tal vez con la satisfacción, de haber hecho lo que debía: satisfacer su necesidad, ajeno al sentimiento de reproche de los comunes. El psicópata es una persona que se atreve a cosas que el común no, la ley del psicópata es: “todo es posible”. Aquí debemos establecer una diferencia esencial con el neurótico. El psicópata expande su sentido de libertad, el neurótico lo acota. El neurótico usa su neurosis para no hacer. Usa el dolor y el temor al dolor para amansar a su esencia animal, para ponerle freno y que no se manifieste. Usa la culpa para intentar no repetir alguna falla en su represión. Tiene terror a destrabar secuencias internas de acciones que no pueda controlar. Y está en constante desarmonía consigo mismo por intentar armonizar con los demás. El neurótico armó con sus prejuicios un cerco pequeño a su libertad, pero sueña que lo agrandará algún día, tal vez después de un análisis o de algún pase mágico, de algo proveniente del afuera, en un mañana, en otro lugar. El psicótico no puede ni acotar ni expandir su libertad por carecer de pragmatismo, de darle un sentido útil a sus acciones en relación al exterior, por no controlar las variables que le permitan un ajuste aceptable a su medio. Por no poder controlarse a sí mismo, comprenderse mínimamente y, en consecuencia, controlar sus acciones. El individuo normal negocia su libertad. Es conciente que tiene ambiciones, necesidades, deseos, y es conciente de la presión del medio a sus proyectos. Y negocia, entrega una parte de su libertad a cambio de conseguir objetivos armonizados con el medio. Avanza hasta que encuentra el límite. Y ahí permanece. A veces da unos saltitos más allá del borde, pero vuelve enseguida. Envidia sanamente a aquellos que transgreden sin mayores daños, como el caso del cajero del banco que salió corriendo con tres millones debajo del brazo y dejó una notita: “no se preocupen, fui yo”. Si desea dar su opinión o aporte escríbame a consultashm@gmail.com o click AQUI Entrega 16 La culpa Caracterización y discusión de rasgos: 1) Satisfacción de necesidades distintas: b) Códigos comunes y códigos propios: Introyección de las normas, sorteo de las normas, remordimiento y culpa. Concepto sobre culpa y responsabilidad. Códigos comunes y códigos propios Los valores comunitarios tienen su origen en las necesidades y las posibilidades que brinda el medio para satisfacerlas. La suma de experiencias individuales y del grupo va formando aquellos sedimentos de patrones de conductas deseables que constituyen los valores. Estos valores son transmitidos del entorno al individuo a través de la familia, la escuela, el grupo social. Desde el punto de vista social los individuos ya nacen inmersos en una atmósfera de valores. Como el pez nace ya rodeado de agua. Por lo que va asimilando, haciendo la analogía con la química, como en un proceso osmótico los valores de la comunidad. De tal manera que a través del solo estar en un grupo éste le trasmite sus valores, sus costumbres, sus modos de hacer. El humano es un copiador de gestos, conductas, vocablos. El ‘deber ser’ le viene del otro en una atmósfera de valores. Es por eso que el individuo incorpora desde su inicio como integrante del grupo, los valores, como incorpora el alimento a su organismo. No son procesos intelectuales que se discuten o cuestionan, que haya que aprenderlos a determinada edad: están allí, son esos y punto. Estos valores comunitarios son introyectados, asimilados y luego pasan a ser parte del propio individuo. Pasan a convertirse en “sus valores”. Esto le permite tener una conducta ajustada y no discordante con su entorno, porque “sus valores”, tautológicamente, se corresponden con los “valores comunitarios”. Un individuo ajustado a su grupo social se mueve con soltura, con espontaneidad, porque conoce y está inmerso en la rutina social; pocas cosas del accionar común le resultan extrañas. Sabe e intuye qué debe o qué no debe hacer. No cuestiona las normas, no se pregunta ¿por qué yo debo hacer esto? Simplemente transcurre. Un individuo proveniente de una cultura no occidental, lejos de las comunicaciones modernas, consideraría absurdas, ridículas o graciosas muchas de nuestras “serias” costumbres y se preguntaría, asombrado, ¿por qué estas personas hacen esto? Y si tomara al azar a alguno de nosotros y nos hiciera esa pregunta, seguramente no sabríamos fundamentar nuestra conducta, es más nos asombraría que alguien pregunte algo tan obvio: esto hay que hacerlo porque sí, porque se hizo siempre. Es decir, hay costumbres que están tan “solidificadas” que no dan margen para el cuestionamiento. Esta es también la fuente de la empatía, del comprender al otro: si nos criamos juntos, si entendimos y sentimos los mismos valores, si vivimos experiencias semejantes, yo puedo comprender el por qué de la mayoría de sus conductas. Esta solidificación de los valores comunitarios en el individuo lo hace previsible. Sabemos que ante una situación determinada el grueso de la población tendrá un tipo de conducta previsible. Por supuesto que hay un rango de ajuste, y también un rango de desajuste tolerado. Son aquellas pequeñas desviaciones a los “valores bases” que distingue a un individuo de otro. Es decir que en toda sociedad existe la posibilidad de tolerancia a pequeñas desviaciones a las normas. Responsabilidad y culpa La comunidad, el hecho de pertenecer a un grupo, significa para el individuo un resguardo, un sistema de seguridad. En ese grupo, él va a tener un deber, una responsabilidad y deberá seguir un código. A cambio de eso el grupo, a su vez, lo protege de circunstancias que pueden ser riesgosas para un individuo. El deber, entonces, es la normativa consensuada de un grupo, y el individuo debe responder a esa normativa con la obediencia. A ese responder del individuo frente al grupo nosotros le damos el nombre de responsabilidad. La responsabilidad es un hecho extrínseco, objetivable; se sabe si tal individuo cumplió o no con su deber, si ha sido responsable o no. La no obediencia de un deber es pasible del reproche de los otros integrantes de la comunidad. Si se ha transgredido un código común, la comunidad se siente con el derecho al reproche. Luego están los principios personales, los códigos propios de cada individuo, eso es interno y solamente él tiene en cuenta, para sí mismo, si ha cumplido o no con sus principios. El código personal, los propios principios, son absolutamente subjetivos. No cumplir con esos códigos individuales genera ese displacer interno que llamamos culpa. Así en ocasiones, se puede faltar al deber, ser irresponsable desde el punto de vista objetivo y desde el punto de vista de la mirada del grupo hacia el individuo. Pero, para él, si ese acto o esa acción que cometió tiene una justificación personal, privada, coherente con su código personal, no manifiesta para sí mismo culpa, no se siente culpable. Ponemos como ejemplo el caso de un padre que mata al violador y asesino de su hija: es responsable ante la sociedad por homicidio, pero es probable que para sus códigos internos haya hecho lo que debió hacer y no se sienta culpable. Como otro ejemplo agregamos el de algunos asesinos pasionales, celotípicos, que, torturados por la duda de la fidelidad de su pareja llegan al quiebre, a la certeza de la infidelidad y deciden acabar con su infierno eliminando a la pareja; única solución que encuentra en su delirio. Después del asesinato se sienten aliviados, liberados, sin culpa: “Es lo que había que hacer”, dicen algunos. Aquí también se da la paradoja de ser responsables ante la sociedad por el homicidio y a su vez no sentirse culpable porque la acción ejecutada emanaba de una armonía interna que, aunque patológicamente, la justificaba. El psicópata y las normas Existen, por un lado la ley, las normas, y por otro lado las ambiciones del individuo. Las ambiciones individuales deben encajar o seguir las reglas de juego, los códigos de la sociedad para conseguir un equilibro adaptativo. Hay límites a la ambición. La sociedad tolera ciertos errores, pero no la ostentación del error. La sociedad tiene una limitación y un permiso que es explícito y corresponde a las normativas, a las leyes. Luego hay un permiso tácito, implícito, que no está escrito, que hace que se toleren algunas desviaciones a la norma. ¿Por qué al psicópata no le importa sortear las normas? Porque sobredimensiona sus posibilidades, su ingenio o su suerte por un optimismo ingenuo: “esta vez no me van a agarrar”, o “esto me va a salir bien” (es su aspecto lúdico), o por un costo – beneficio aceptado. Es decir, por asumir un riesgo que puede tener una consecuencia grave, pero que el resultado de esa acción vale el llevar adelante el riesgo. Ser optimista es fantasear en una proyección virtual hacia el futuro con un resultado positivo. El optimismo está relacionado con la ensoñación. Ésta es parte del trabajo psíquico que consiste en utilizar la imaginación como campo de proyección de posibles acciones a realizar. El psicópata no transgrede las normas. Transgredir es valorar (conocer y sentir) las normas y a pesar de ello sortearlas. El psicópata ve a las normas como un obstáculo a sus ambiciones. La norma no le genera el temor inhibitorio que a la mayoría de las personas. La norma tiene un enunciado y un significado por sí (explícito) y por la amenaza (implícita) que implica su no seguimiento. Es decir, en toda ley hay una amenaza, una apelación a las consecuencias negativas que pueden ocurrirle al individuo de no seguirlas. Subyace una prohibición, un daño a futuro para aquel que no la cumpla. Toda ley, toda norma, genera temor e implica la posibilidad de castigo. La ley está hecha para domar, para doblegar y para condicionar las conductas instintivas de los individuos y entornarlas con el siguiente lema “Si quieres pertenecer a este grupo, estas son las reglas. Si se cumplen las reglas estás dentro, si no las cumples estás fuera”. El psicópata tiene la particularidad de estar dentro del grupo y de sortear alguna de sus normas pero no todas, de lo contrario sería desplazado del grupo. ¿Hasta cuándo sucede esto? Hasta que en algún momento se extralimita fuertemente y es “descubierto y señalizado”. Un personaje poderoso, ya fallecido, seguía un concepto sobre el poder. Él decía “el poder es tener impunidad, es hacer sin temer las consecuencias”. Culpa y psicopatía Para avanzar un poco más en este difícil tema paso transcribir un fragmento de una clase para los médicos del Curso Superior de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la UBA, dictado en el Hospital Borda: “Para sentir culpa uno debe sentirse responsable de la acción, debe sentir que ha fallado. Cuando se evalúa que son los otros, el medio o las circunstancias que lo han hecho fallar, entonces no hay culpa. ¿Por qué un psicópata no tiene culpa en sus acciones psicopáticas? Alumno: Se considera al otro como una cosa y no como una persona. A: Tiene distinta escala de valores. Marietán: ¿Por qué tiene distinta escala de valores? ¿De dónde viene? ¿Lo trajeron de Estambul? ¿Cómo puede ser que tenga otra escala de valores si nació con nosotros, jugó al fútbol con nosotros, estaba en nuestra escuela y se conocían nuestros padres? A: lo que pasa es que el egocéntrico está más atento a su propia necesidad y no a la del grupo. M: Hay muchos que son así y son los egoístas. Se justifican, pero ellos saben que han cometido algo vergonzoso. No por eso son psicópatas. Recuerden que los psicópatas son pocos. No confundan la psicopatía con los egoístas, con los neuróticos, con los ambiciosos, que son otras variedades dentro de la especie. ¿Por qué no tienen culpa los psicópatas para sus hechos psicopáticos? Los valores morales vienen de afuera y el individuo los introyecta. El individuo está inmerso en esos valores. ¿Por qué un individuo cumple una norma? A: Para evitar el castigo, por empezar. M: Usted está hablando de que se es bueno a la fuerza, usted está en contra de Sócrates, en contra de Rousseau (El hombre nace bueno y la sociedad lo hace malo). Se cumple una norma porque se cree que en el fondo de la norma hay algo bueno para todos, para el grupo. No hay recompensa suficiente que pueda hacer que uno cumpla una norma, que la siga lealmente, dignamente, sabiendo que va hacia el mal. Uno cumple la norma porque cree, en el fondo, que esta norma es para el bien común. Uno cumple una norma porque responde a un bien común, y es lo dado. Como la sociedad es un resguardo del individuo, entonces se da la retroalimentación, yo cumplo la normativa y la sociedad me protege a mí, a mis hijos, etcétera. Porque cumplir las normas corresponde a lo que se llama el bien común. Cuando el individuo comete un acto que es transgresor, siente culpa. ¿Por qué? Porque él transgrede la ley o la norma, pero pasando a través de la norma, porque la tiene introyectada. Sabe interiormente que lo que está por hacer es malo y le genera ese displacer interno llamado culpa. Y no solamente lo sabe, sino que lo siente. No solamente sabe la letra, sino también tiene introyectada la melodía, la música de la norma. Uno atraviesa la norma, la transgrede, pero como resultado obtiene la culpa. Sabe y siente que está haciendo algo mal. El psicópata conoce la norma pero no la tiene introyectada, entonces la bordea. Para él la norma es un obstáculo, es una piedra a saltar. No la tiene introyectada. Conoce la letra pero no tiene la música, no tiene la melodía, el sentimiento, no la siente. Rodea la norma como un obstáculo. Conoce la norma, porque cognitivamente no es un abandonado de Dios, pero no conoce el sentimiento, no le da importancia al bien común, tal vez no crea que exista el bien común. Por eso la típica respuesta cuando se le dice “¿Por qué hiciste esto?, si no es bueno, no es normal, no está bien”. Entonces él contesta “¿quién dice que no es normal? ¿qué, dos o tres viejos (como decía un paciente mío) se juntaron para decir, esto es malo y esto es bueno?”. Uno, que lo tiene introyectado ni se lo pregunta. La mayoría de nosotros ni se lo plantea. Lo toma como un acto “casi religioso”, un acto de fe, sin razonamiento, sin hacer análisis. Las cosas son así y punto. Uno no tiene que hacer esto, no tiene que hacer lo otro, ya se sabe que hay qué hacer y qué no. No hace falta andar explicitando y analizando en cada momento, en cada acción, si es buena o mala. A: En realidad, ésta búsqueda del bien común tiene fundamentalmente mayor peso en lo moral. M: La moral es la forma explícita y simplista de hablar de esto, que es mucho más profundo, una cosa más implícita. Está introyectada y es algo que se vivencia muy de adentro. A: Una persona altruista ¿puede estar encubriendo un egocentrismo psicopático secreto? M: el altruista es aquel que, manifiestamente, tiende a accionar en pro de la comunidad o de los otros. Ahora, la motivación que lo lleva a eso puede ser muy amplia. Tal vez el altruista sea una persona buena. Está esa posibilidad también. No pensemos que detrás de todo altruista hay una sublimación en el sentido de Nietzsche: “Cuidado con los altruistas y con los caritativos que se están lavando a sí mismos”, decía Nietzsche, en Genealogía de la moral. Pero existen los altruistas que son buenos, es decir, también tenemos que creer que existen los buenos. Es cierto que de acuerdo a nuestra experiencia los buenos parecen pocos. De esa manera, si el psicópata no tiene internalizados los valores, ahí sí se entienden dos cosas: ¿Por qué no existe el sentimiento de culpa, de vergüenza en los hechos psicopáticos? Vergüenza es la manifestación social de la culpa o del ridículo. La culpa es de uno con uno mismo, en cambio la vergüenza es la manifestación social de la culpa. ¿Por qué no aprende ni con argumentación, ni con ciertas experiencias? Porque para él lo que está haciendo está bien. Es egosintónico con su accionar. Si se entiende esto es fácil entender lo demás. Para él, lo que está haciendo es correcto de acuerdo a su valoración de las cosas, es correcto para su propio código. Entonces, si es correcto y sale mal, el responsable no es él, sino que son los otros. Es la defensa aloplástica. Y es así que el psicópata vuelve a intentarlo otra vez”. ¿El psicópata siente culpa? Esta es un pregunta infaltable en todo curso sobre psicopatía, y la respuesta es sí. El psicópata siente culpa como cualquier otro ser humano, no carece de ese sentimiento. Y como todos se siente culpable cuando ha roto, ha salteado, algunos de sus códigos, de sus principios. Y sufre, como todos, por ello. Se siente culpable y mal y puede autocastigarse severamente por esa “falta” que ha cometido. El error en el concepto “los psicópatas no sienten culpa”, tan difundido en la literatura, reside en no tener en cuenta esto: los psicópatas se sienten culpables, como cualquier otro humano, cuando transgrede sus principios, sus códigos. Y no se sienten culpables cuando sus acciones psicopáticas están en armonía con sus códigos y principios, cuando están cumplimentando sus necesidades especiales, por más que, desde el común esas acciones sean aberrantes o socialmente dañosas. Como ejemplo para tipificar este concepto les narraré el caso de un hombre de 38 años, casado, buen padre de familia, que vino a consultarme porque se sentía muy mal, muy culpable, porque a raíz de desavenencias con su esposa debía separarse y dejar a sus hijas. Le dolía la idea de que sus hijas se criaran sin su padre y que él no haya encontrado la solución para que eso no ocurriera. Estaba angustiado y sinceramente culpable de esta situación. Esto fue a principios de los 80, él pertenecía a las fuerzas de seguridad y en los 70 había formado parte del grupo de torturadores, en esa solapada guerra civil que tuvimos los argentinos. Yo le preguntaba, cuidadosamente, si no se sentía culpable por aquellas torturas y él me contestaba con toda firmeza: “Pero doctor, ése era mi trabajo y estábamos en guerra”. Es decir sus acciones como torturador estaban en armonía interna, seguían sus códigos, sus principios y, en consecuencia, no se sentía culpable. Pero el hecho de dejar a sus hijas, de fallarle como padre, eso sí lo hacía sentir culpable. No carecía de ese sentimiento. Analizado desde el común este hombre “debería” sentirse culpable por las torturas, y al no encontrar ese arrepentimiento se llega fácilmente el erróneo concepto de “los psicópatas no sienten culpa”. Pero esto es alejarse mucho del entendimiento de la mente psicopática. Entrega 17: La repetición. Impulso y psicopatía. Las descompensaciones por frustración. La repetición: En clases anteriores comenté que una necesidad impele a ser satisfecha. Generada, tal vez, por algún desequilibrio interno, siguiendo el modelo de la homeostasis, se diagrama una acción tendiente a obtener del medido externo el recurso que restablezca el equilibrio interno. Puse como ejemplo cotidiano la señal “hambre”, que deriva de la necesidad de alimento, que a su vez está motivada por la “falta” de ciertos nutrientes (aminoácidos, hidratos de carbono, lípidos, agua, sales, etcétera) que provocan el desequilibrio homeostático. Incorporado el alimento se reestablece el equilibrio interno, y en consecuencia la señal “hambre” desaparece. Consumidos metabólicamente los nutrientes se produce otro desequilibrio y el circuito se repite. Si la necesidad no es satisfecha sus señales son cada vez más intensas hasta ocupar todo el campo de conciencia y el trabajo de la mente se monopoliza tras el objetivo de conseguir el alimento, en el caso de grandes hambrunas, aún a costa de quebrar los principios culturales más elementales, como la antropofagia por aislamiento. Este tipo de necesidad común es una necesidad básica, típica, generalizada, es comprendida por todos sin el recurso del razonamiento. A nadie llama la atención que un individuo “repita” la acción de comer un par de veces al día o más. A su vez, si prestamos mucha atención, veremos que cada individuo se diferencia en su modo de comer no sólo por el tipo de alimento que suele preferir sino por la manera de realizar esta acción, tiene un “estilo”; el “comer” está imbricado con una ceremonia, con un rito, que no es notado en general por lo repetitivo, por lo cotidiano. Así observaremos que Juan prefiere consumir más carne que vegetales, que la carne debe ser cocida en aceite más que asada, que gusta de acompañarla con arroz, más que con papas, que come rápido, que prefiere comer con una mesa bien preparada y a una hora determinada, etcétera. Se “sabe” que Juan come así y estas acciones están tan automatizadas por el hábito que pocos tienen en cuenta que Juan tiene un “perfil” para comer, que el “qué” (comer), debe ser acompañado por el “cómo” (el rito) en una armonía sin estridencias. Toda mujer que comienza a convivir con un hombre nota estas diferencias, luego la repetición las convierte en automáticas y dejan de notarse: se “sabe” como hay que prepararle la comida a Juan. Estos conceptos de desequilibrio, necesidad, repetición, perfil, aplicados a hechos cotidianos parecen obvios, fácilmente asimilables. Sin embargo aplicados a las “necesidades especiales” de los psicópatas se vuelven indigeribles para el intelecto común. Si el lugar del verbo “comer” colocamos matar, violar, estafar, dominar, como acciones tendientes a satisfacer una necesidad, y si agregamos que esas acciones están imbricadas en un rito, en un “cómo”, la incomprensión es aún mayor. Decir, simplemente, que la necesidad del Caníbal Alemán consistía en comer carne humana, provoca desconcierto, sin embargo, en esencia, es sólo eso. Entonces, ¿cuál es la diferencia entre un psicópata y un hombre común? Lo atípico de la necesidad y la manera peculiar de satisfacerla. Cuantitativamente es una diferencia, pero cualitativamente ¡qué diferencia! Impulso y psicopatía: Clásicamente entendemos como impulso al tipo de acción que es ejecutada sin mediar razonamiento. Los actos impulsivos suelen ser ejecutados en medio de un marco emocional intenso. Podemos decir que a veces el individuo impregnado de ira tiene un estrechamiento de conciencia y ejecuta casi automáticamente acciones, por lo general agresivas. Pasado el momento, cuando se reestablece el equilibrio la persona se asombra de lo que ha sido capaz de hacer y, a menudo, se arrepiente. Recientemente me contaba la esposa de un colega que, impregnada de celos, fue a buscar a su marido a una guardia con el bebé en brazos para, en medio de pacientes, médicos, enfermeros, gritarle a voz en cuello los insultos más gruesos para que todos se enteraran de lo infiel que era. Luego, en frío, me comentó que no sabía por qué lo había hecho. Que había encontrado un par de teléfonos ‘sospechossos’ y que eso desencadenó la acción, que se desconocía, que ella no era así, que sabía que debía cuidar el trabajo de su esposo, pero que no pudo controlarlo, que no podía parar y que, después de esto, se tenía miedo. Aquí se ve claramente el estrechamiento de conciencia en este tipo de acto impulsivo, acompañado de un automatismo de acciones y de la consiguiente intensidad afectiva. Existen otros tipos de impulsos, menos complejos, y parecidos a los reflejos, donde una acción sorpresiva desencadena una reacción compleja. Así contaba una persona que mientras manejaba su automóvil paró en un semáforo, a la par se detuvo otro conductor que comenzó a insultarlo desaforadamente por una maniobra brusca unas cuadras atrás, una pavada. Esta persona cuenta que miraba esa cara enrojecida que propalaba insultos y que, sin pensarlo, salió de su coche, abrió el baúl, sacó la llave cruz que se usa para cambiar una rueda, y procedió a golpear el otro coche, rompiendo el parabrisas, la ventanilla, abollando la chapa. Luego guardó la llave en el baúl, se subió al auto y desapareció. Éste es habitualmente un hombre pacífico y sereno y aún hoy no se explica cómo fue capaz de hacer lo que hizo. Es un hecho aislado en la vida de esta persona.. Dejamos, a propósito, sin describir los impulsos que tienen una base orgánica manifiesta, como es el caso de las epilepsias y otros trastornos psicomotores. Ahora, si comparamos estas nociones de impulsos con el mito aplicado a las psicopatías y tal como lo menciona, entre otros, el DSM IV, falla en el control de los impulsos, nos damos cuenta que este rasgo no puede aplicarse a la mayoría de los psicópatas en sus acciones psicopáticas. Si pensamos en las acciones del Caníbal Alemán, todo el tiempo de latencia que se toma para elegir al humano que comerá, la ceremonia previa, la claridad de conciencia, el trabajo que se toma en descuartizarlo y guardar carne en el freezer, filmar por las dudas algunas escenas, no creemos que esto pueda ser considerado como una falla en el control de los impulsos. Tampoco en el caso del abogado salteño que violaba sistemáticamente a niñas, se puede decir que poseía falla en el control de sus impulsos. Lo mismo en el de la joven auxiliar de medicina que, sabiendo que su sobrinito de año y medio podía morir intoxicado con la ingesta accidental de un antidepresivo, decidió callar. Y en los cientos de casos de asesinos seriales que planifican pacientemente sus actos, que siguen con meticulosidad de cazador a sus víctimas para, en el momento en que ellos consideran oportuno, asestar su acción psicopática. Por todo lo expuesto creo que este rasgo, “falla en el control de los impulsos”, no debe ser considerado como importante para describir una psicopatía. Desde luego esto no quiere decir que los psicópatas carezcan de actos impulsivos en situaciones especiales como las de cualquier otro humano, cuando lo emocional lo impregna. Y esto se da, con mayor frecuencia, cuando no puede conseguir su objetivo, cuando algo le sale mal, como una reacción emocional ante la frustración. Las descompensaciones por frustración He aquí el talón de Aquiles de los psicópatas. Este es su punto vulnerable. Aquí es donde sus máscaras se caen y no pueden dejar de mostrarse como son y, por sobre todas las cosas, pierden su poderoso control sobre sí mismo, y el control sobre su entorno. Se desequilibran. Y ese desequilibrio puede seguirse de una rápida recomposición o profundizarse y derivar en un estado muy parecido a las psicosis. Los clásicos llamaban, a este extremo, las psicosis breves de los psicópatas. Es en este estado de descompensación donde el psicópata comete los actos más burdos, donde se descuida, donde se delata, donde es presa fácil. Es por eso que, en muchas ocasiones, los investigadores que han luchado mucho tiempo por atrapar a un psicópata muy hábil, que les ha impresionado por su inteligencia, por su estrategia, se sorprenden cuando los capturan por realizar actos tan torpes que hasta difícilmente un aficionado haría. Esta es una de las paradojas que ha confundido a tantos, hasta hacerlos pensar que el psicópata (supongamos un asesino serial) “quiere ser atrapado”. Saliendo del terreno de los asociales, muchos psicópatas ‘cotidianos’, ante las frustraciones, caen en crisis muy semejante a las depresivas y son traídos al consultorio psiquiátrico por los familiares o , más raramente, son ellos quienes consultan. Sin embargo estas crisis no dejan de ser raras, atípicas, fuera del patrón de las crisis depresivas comunes. Un joven de 21 años, tras sufrir una frustración, manifiesta una profunda depresión y una noche rompe parte del mobiliario de la casa, amenaza con matarse con un cuchillo Tramontina (esta marca de cuchillos hogareños va a pasar a la historia del crimen). Llegan enfermeros y médicos de emergencia pero él los mantiene a raya amenazando con cortarlos y tirando puñaladas al aire. Nadie se acerca. Pasa el tiempo de manera angustiosa. De pronto la abuela, de casi 80 años, salta sobre él y se traba en lucha hasta sacarle el cuchillo ante la mirada asombrada de todos. Es internado. Pasan 4 días y organiza entre los internados una protesta por el tipo de comida. Al quinto día le dan el alta. No hay rastros de la depresión. Rápidamente se dan cuenta ustedes que no se trató de una depresión grave, sino una reacción depresiva intensa y atípica (con gran carga de agresividad y ‘vitalidad’) provocada por una frustración: la de no conseguir el dinero para ir a un recital de un artista, Charly García. Esto, que es una simpleza para el común, era de una significativa importancia para él, fanático del compositor, de acuerdo a sus códigos propios. También supera una “crisis histérica”, diagnóstico que razonablemente se puede tener en cuenta por la ‘puesta en escena’, por el resultado magro de su amenaza (no se cortó el cuello, ni hirió a nadie); pero sus antecedentes de drogadicción, parasitismo, agresividad (en una ocasión sacó una botella de cerveza de su casa y fue hasta la casa de sus abuelos, a varias cuadras de distancia, y la arrojó contra el ventanal haciéndolo añicos, porque no le habían entregado un dinero que, a su entender, le correspondía), y otros rasgos que se describen más adelante, lo encuadran en la psicopatía. Como contrapartida era tenido por muy buen amigo por sus compañeros. El tema de la internación, inevitable en esos momentos donde es “peligroso para sí y para terceros”, suele mostrar otras característica de este tipo de psicópatas: tras una resistencia inicial -caracterizada por la rebeldía y una actitud reivindicatoria- luego, al verse superado, cambia de táctica: al darse cuenta que de persistir en esa conducta lo único que logra es prolongar su estadía. Éstos son los pacientes que “mejoran milagrosamente” en muy corto tiempo de una depresión intensa, que al cabo de una semana hacen que nadie entienda por qué está internado un tipo tan vital, de tan buena conducta y colaborador. Esta metamorfosis se da también en algunos psicópatas asociales que son encarcelados cuando se dan cuenta que una buena conducta como interno, muestras de arrepentimiento, ser un “preso modelo”, etcétera, le acorta su tiempo de prisión. En ambos casos, nuevamente en sus contextos, vuelven a las andadas otra vez. Con estos ejemplos se vuelve a demostrar el autocontrol, el control del los impulsos, el egocentrismo, la manipulación, la seducción (es una persona que ‘convence’ que está para ser dado de alta…), la actuación, y la paciencia, el esperar tras un objetivo. En ocasiones pacientes psicópatas internados luego de una crisis, son retirados por los familiares “bajo su responsabilidad”, no por considerar que está superada la crisis sino por el temor a las represalias una vez que haya sido externado por los médicos y vuelva al hogar. Recuerden que los psicópatas crean un sistema en la familia nuclear basado en el temor, en cuyo centro está el psicópata y el resto gira en rededor. Y muchas veces esta situación permanece en secreto para la familia extensa y los amigos. Una señora de 48 años consulta por un síndrome depresivo intenso, con fuerte ideación suicida, deja una carta repartiendo sus bienes, manifestando en ella que no se siente querida y no desea ser una carga para la familia, y otros argumentos efectistas. Es internada. Batalla contra médicos y enfermeros porque no está conforme con nada en el lugar de internación. Ningún familiar se explica por qué se deprimió, pero una larga conversación con el psiquiatra fue revelando las claves. Ella era la persona dominante en su núcleo familiar, hasta que su hijo mayor se casa un una joven más dominante y astuta que ella y la familia comenzó a girar sobre la nueva líder. Destronada, frustrada y sin encontrar las armas para luchar contra “la nueva”, cae en crisis. No puede decir los verdaderos motivos por temor a perder a su hijo y a sus futuros nietos. Al mes de internada se hizo amiga de todos los médicos y enfermeros, conseguía los permisos de salida cuando ella quería y lideraba un grupo de pacientes. No manifiesta ningún apuro por salir del sanatorio. Encontró un nuevo reino, y mantenía a su familia angustiada, girando a su alrededor en pos de que recupere su “salud”. Entrega 18: Cosificación. Neurosis y Psicopatía. Adoctrinamiento y psicopatía. Persona versus cosa. Egocentrismo. Sobrevaloración. Empatía utilitaria. Manipulación. Seducción Cosificación En las clases anteriores habíamos mencionado con insistencia que el rasgo “cosificación” es uno de los rasgos capitales en la psicopatía y consiste en quitarles el rango de persona al otro, descalificarlo, minimizarlo hasta vivenciarlo como una “cosa”. Entonces, la cosificación del otro, es quitarle los atributos que hacen a las personas semejantes a uno. Es una postura psíquica, profunda, de valores, sobre el otro. Podemos aventurarnos a decir que el psicópata nace con una mirada cosificadora, con un pensamiento cosificador del otro. Los demás son, para él, “cosas” a ser utilizadas para sus propósitos. Así como para sacar un clavo, utilizamos una tenaza y una vez utilizada, la tiramos en el cajón de herramientas, así hace el psicópata con las personas, las usa y cuando no le sirven las deposita en el cajón de herramientas ya usadas. Cosifica. Neurosis y Psicopatía No hablamos aquí del “uso” de las personas que todos hacemos habitualmente: por integrar una red social, necesitamos de los otros y nos valemos de ellos. Inclusive podemos tener acciones de abuso de los demás, y aún perjudicarlos. Pero siempre, en nuestra mente, interactuaremos de persona a persona; si hacemos algo negativo hacia otro ser, por empatía, pagaremos con culpa esa acción, aunque a veces la culpa no se manifieste tan concientemente, sino a través de múltiples expresiones como la desazón, el desdén o la descarga psicosomática. Aquí, en lo psicopático, hablamos de otro tipo de uso, de una calidad distinta, de un uso con impunidad mental, sin costos afectivos. Hay neuróticos que forman sistemas altamente abusadores de los otros, donde la mentira, la manipulación, el dominio a través de la dependencia y la escenificación de la enfermedad crean un yugo aún más opresor que el psicopático, sin embargo, el neurótico paga un alto precio psíquico por esto al limitar sus grados de libertad con la sintomatología neurótica. Este constituye uno de los puntos esenciales en la diferenciación entre psicopatía y neurosis: el cosificar con impunidad afectiva (psicópata) y el de abusar con costo afectivo, con culpa (neurótico). Adoctrinamiento y psicopatía El psicópata es un cosificador nato, sin embargo, se puede adoctrinar a personas comunes y lograr que cosifiquen a otros, que le quiten los atributos de persona. Este es el proceso cosificador que se da, por ejemplo, en toda guerra. El enemigo es una cosa a ser exterminada, para los dos bandos. Esto nos pasó en el 82 en la guerra por las Malvinas, donde, una vez declarada la guerra, a medida que pasaban los días, los ingleses iban dejando de ser personas para ser enemigos a eliminar. Hasta Richard, el vecino amigo con el que jugábamos tenis o fútbol hasta hace unas semanas, se convertía paulatinamente en un inglés peligroso. En estos momentos de inseguridad grave que vive Argentina se da una doble cosificación: por un lado los delincuentes usan de “mercadería” a las personas en los secuestros y hasta regatean por el precio de la devolución de un ser humano y, de no conseguir sus propósitos económicos, pueden llegar a eliminarlos como en el lamentable caso de Axel Blumberg. La otra cosificación la realiza la mayoría de la población, que ve a los delincuentes no como a personas, sino como cosas peligrosas que deben ser eliminadas. Y es probable, de seguir este estado de cosas, que aparezca un líder que lleve adelante este proceso de eliminación, con una tácita aprobación de la población mayoritaria. Como ocurrió, bajo otras circunstancias, por otras razones, en los años setenta. Con estos ejemplos quiero aclarar que el proceso mental de cosificar está presente en todo humano. Y puede ser “activado” bajo circunstancias, individuales o masivas, especiales. Sin embargo en el psicópata este artificio mental está permanentemente activado. Además el común debe tener como incentivo un hecho externo desencadenante y perturbador. Por otro lado la cosificación es llevada delante de manera consensuada al menos por el grupo de pertenencia y buscando un objetivo común. El psicópata es un individuo que cosifica y con el único objetivo de beneficiarse a sí mismo. La otra variación, y esto lo acentuamos en todos los rasgos, es la “calidad” de la cosificación, el arte en ejercerla por parte del psicópata. Descripción foto diario Clarín (Diario Clarín, 25/10/98) Situación límite: El asaltante apunta con la pistola martillada en el cuello del rehén cosificado como escudo y atadas sus manos con alambre. Obsérvese el aumento de la base de sustentación del delincuente, las cejas levantadas y ojos abiertos que denotan máxima alerta; la postura obligada y de indefensión del rehén que tiene los párpados edematizados por las heridas. La actitud arriesgada del policía, sólo protegido por los centímetros de la columna en donde se apoya, está respondiendo más a pautas de adoctrinamiento que al instinto de supervivencia; véase la postura de la mano derecha, abierta y palmas arriba, de apoyo al discurso persuasivo y la pistola al cinto, no visible en ese ángulo por el delincuente, quién momentos después se entregó. Tres vidas penden de este complejísimo juego psicológico de decodificaciones donde la mínima interpretación errónea es mortal. (Tapa del diario Clarín, 6/11/98, foto: Pablo Bianchi, http://www.clarin.com.ar) Persona versus cosa Esa es la disyuntiva que se presenta en un hombre que abre la puerta de su casa y siente detrás de él a alguien que le dice “quedate quieto y entrá, o te mato”. En ese momento la víctima no puede dimensionar en toda su magnitud que el que está detrás lo va a matar, lastimar o hacer un daño tremendo dentro de su casa. Entonces se enfrentan, por un lado alguien que tiene un claro objetivo y que está haciendo su trabajo (el delincuente), porque ese es su trabajo y eso que está frente a él (la víctima) es un estorbo, una cosa. Fíjense las distintas psicologías, el psicópata está haciendo su trabajo, y para él la cosa (la víctima) es un obstáculo que si molesta lo mata sin problema. Y, por otro lado, la persona que se siente agredida (la víctima), que mira atrás y ve a otra persona armada (el delincuente). Hay una distancia psicológica impresionante, que se da en el grueso de la población. Muy pocos son los agredidos que van armados, y menos aún los que usan las armas para enfrentarse al delincuente. Son muy pocos los que reaccionan así, tal vez otro como ellos. Pero generalmente esta distancia psicológica (persona – cosa; persona – persona) es determinante, y el delincuente lo sabe. Yo tuve varios pacientes que eran dueños de PyMES. Generalmente son empresas familiares, que además anexan algunos empleados. Cuando se empieza a producir la crisis de recesión (que venía desde antes de De la Rua, año 2000, 2001) ellos veían que los gastos fijos de la empresa se mantenían pero que la producción iba cayendo por debajo de los costos fijos. Y entonces cuando llegaban a esa condición sabían que caían barranca abajo. A estas alturas debían tomar la decisión económicamente adecuada que es bajar los gastos fijos, y bajar los gastos fijos incluía echar a Juan González, a una persona, no una cosa. Entonces se aferraban a dos principios: no aceptaban que se les caía la empresa y segundo no querían echar a Juan González. Y ese fue el error. Lo he visto en 5 o 6 pacientes míos. ¿Qué hacía esta gente? Cuando veían que los costos y los ingresos eran equivalentes, solicitaban un préstamo, porque la situación era tan atípica que apostaban a la esperanza. Decían “esto va a pasar”, “Ahora no hay trabajo, pero…”. Cuando la situación económica empeoraba, y los ingresos eran aún menores, se encontraban sin poder pagar los gastos fijos ni el préstamo. Llegaba un momento en que el banco lo condicionaba de tal forma con los intereses que el empresario tenía que pedir la quiebra. Así esta persona venía a verme en esta situación, quebrado emocionalmente, quebrado económicamente, sin la fábrica y con todos los empleados desocupados. Y decían, “hice lo que pude para salvar la empresa y qué quiere, no me daba el corazón para echar a Juan González, trabajó veinte años conmigo, no podía hacerle eso”. Por lo general también se resentía el sistema familiar, todos suelen ser muy apegados al trabajo, y muchas veces descuidan el tema familiar. Ellos adquieren otras compensaciones (afectiva, económica, de status) y cuando el soporte económico cae, se quiebra todo el sistema familiar porque pone al descubierto los huecos afectivos que eran llenados por la concentración en un sistema de vida holgado. Así como estos empresarios no querían echar a Juan González, tampoco se resignaban a cambiar su estilo de vida desahogado (colegio privado, autos, clubes, etcétera) por una “economía de guerra”, con lo cual todo se agravaba. Un empresario menos sensible, y con más razón un psicópata, hubiera previsto mucho antes eso, y hubiera echado a los diez empleados antiguos y tomado mano de obra más barata. También hubiera achicado los gastos en todas las áreas y quizás sobrevivía a la feroz crisis. Pero el neurótico no lo puede hacer a eso sin un alto costo afectivo, porque trata con personas. En cambio el psicópata las usa. Egocentrismo: Todo psicópata trabaja, siempre, pero siempre, para sí mismo. Cuando da es porque está manipulando o espera recuperar esa “inversión” en el futuro. La filantropía, auténtica, no figura en su ser. Suele pasar que este accionar intensamente egoísta esté disfrazado con tanta habilidad que las otras personas no lo capten nunca o mucho tiempo después de haber sufrido el accionar psicopático. Recibo muchas consultas por correo electrónico sobre psicopatía y es reiterada la pregunta: ¿Cómo es posible que no le importe la familia, que sólo haya pensado en él, que no haya pensado en sus hijos? Los familiares quedan perplejos ante la falta de parámetros afectivos tan básicos para el común como es el amor y la entrega a los hijos, o al menos tenerlos en cuenta. Y a partir de allí se abre todo el espectro de ejemplos sobre el ejercicio del egoísmo. Sobrevaloración Suelen hipervalorar su potencialidad para conseguir cosas. Los hay francamente megalómanos donde el “todo es posible” se les aparece sin impedimentos. Pero hay los que sobre valoran sus aspectos pesimistas y son “la peor basura”. Empatía utilitaria Tienen habilidad especial para captar la necesidad del otro, esto no se puede lograr sin empatía. Pero no es la empatía de colocarse en lugar del otro de igual a igual, sino que es una mirada en el interior de “la cosa” para saber sus debilidades y obrar sobre ellas para manipular. Manipulación Se refiere al manejo de la otra persona, a que accione de acuerdo a la voluntad del psicópata. Aquí tenemos que hacer una división virtual en cuanto a lo que lógicamente se quiere hacer y lo que irracionalmente desea hacer. Una de las capacidades del atípico es la captación de las necesidades del otro. La cosificación permite explicar varias de las acciones de los psicópatas. Vemos que son egocéntricos, manipuladores, utilizan a los demás para conseguir sus propios objetivos. Sólo se puede manipular a alguien si primero se lo ha seducido, si se lo ha captado. Nadie puede manipular a alguien que no se deje manipular. Nadie puede hacerle hacer algo que el otro no quiera hacer. Aquí tendríamos que hacer una división virtual en cuanto a lo que uno lógicamente quiere hacer y lo que irracionalmente desea hacer. Desde el punto de vista de la lógica del individuo, de los parámetros de las cosas que se deben hacer, uno dice “yo no quería”, “me vi obligado a hacer tal cosa”. Pero desde el punto de vista irracional, tal vez no sea así. Aquí está una de las cosas nucleares de la psicopatía con relación a los otros. Yo creo que el psicópata apunta a esto, puede o tiene la facilidad de captar aquellas necesidades irracionales de los otros. En el caso de un “estafado”, en realidad está trabajando con la ambición del otro, porque le ofrece una “pichincha”, una cosa que en situaciones normales sería muy difícil de adquirir. O sea, el psicópata trabaja sobre esa parte de la ambición del otro y después, evidentemente, lo engaña. Recuerdo el caso de un viajante que vendía en las provincias máquinas registradoras a un precio muy por debajo del real (hecho que era comprobable para el comprador); pero al panadero le vendía una máquina específica para el almacenero y viceversa. Al tiempo el comprador lo llamaba desesperado porque la registradora no le servía y él, muy amablemente y como un favor se la cambiaba “por otro modelo” a un precio mucho más alto. En la manipulación hay un grado de libertad del manipulado que se somete a esto, es distinto de la coerción, que es cuando se utiliza la fuerza o un mecanismo de fuerza en un sentido físico o psicológico para que el otro direccione hacia un objetivo. Aquí se usa el temor en todo su gradiente. Veamos lo que comenta la “novia” de un psicópata: “Siempre obtiene lo que quiere, para él no hay cosas imposibles, contrariamente a mí que me cuesta trabajo todo. Por ejemplo, él quiere un certificado analítico de la facultad: habla con alguien de cooperadora o alumnado y lo obtiene en el día y gratis; yo necesito lo mismo y tengo que hacer una cola de 30 minutos, pagar $3 y esperar 15 días. Él decide salir a bailar: se sube a su auto, llega a la puerta del boliche, va directamente a la puerta, saluda al patovica y entra -gratis-, por supuesto, y de paso a la salida se va con una copa de champagne en la mano. Yo quiero salir a bailar: me tengo que tomar un colectivo – o un taxi – o ir caminando, hacer otra cola de 30 minutos, llegar a la puerta rogando que me dejen entrar o que no me hagan pasar el mal momento de pedirme documentos (porque parezco re pendeja), pagar los rigurosos $10 e irme cuando mis amigas quieran -para compartir el taxi. A él le llegan 10 infracciones con el auto: levanta el teléfono, habla con alguien y se las perdonan. A mi me llega una multa por no sacar a horario la basura: tengo que pagarla y punto (como corresponde, no digo que esté mal). Él tiene ganas de pasar el día al aire libre: se sube a su auto y el resto de la tarde navega con su velero mientras toma unas cervecitas bien frías y escucha buena música. Yo estoy harta de estudiar en mi departamentito diminuto: tengo que llamar a alguna de mis amigas, rogarles que quieran hacer algo, embadunarme de pantalla solar porque no soporto el sol y a ellas lo único que les gusta es eso, tomarme un colectivo con un recorrido de 1 hora, llegar a la Florida y sentarme a tomar mates en la sombra abajo de un árbol mientras ellas se calcinan al sol mientras por la orilla del río pasan navegando los veleros divinos en uno de los cuales seguramente está el. Es decir estando con él soy parte de su mundo perfecto donde todo es accesible, sencillo y realizable”. Otro ejemplo: “Mi madre ha estado jugando con todos nosotros. Porque cuando se dan esas discusiones entre hermanos, yo no entendía que mi madre no intentara poner calma, apaciguara los ánimos, saliera en defensa de todos, no, se mantenía al margen y si se la enfrentaba decía que ella en asuntos de hermanos no se metía. Ahora me sonrío al pensar que los asuntos de los hermanos estaban provocados por ella. Con qué sutileza utilizaba y utiliza aun hoy la manipulación, sobre todo entre nosotros cuatro. Veo cómo mi madre ha intentado separarnos a unos de otros, cómo para conseguir sus fines era mejor que nosotros estuviésemos separados, sin hablarnos, para así poder decir y hacer a su antojo y cuando podíamos estar juntos y yo daba mi versión de los hechos, ella ya había dado la suya y además había adelantado cuál iba a ser la mía, con lo cual, corroboraba “que ella tenía razón” y yo era una mentirosa que además no tenía mucha imaginación”. Seducción Es una relación bidireccional entre el psicópata y el otro, donde la propuesta del psicópata encuentra eco en las apetencias del otro. Es decir, el psicópata propone el contrato y el otro lo firma. Contaba un amigo que una vez caminando por la calle Sarmiento, en Buenos Aires, se le acercó un hombre de unos cuarenta años, con un bolso en la mano y un aparato reproductor de mini disc en la otra. Le dijo que vendía aparatos de rezago de la Aduana, y le ofrecía vendérselo a 100 pesos (el costo real era de 600). Le mostraba el aparato y se lo hizo escuchar, era maravilloso, pero no contaba con los 100 pesos. “Mirá, yo tengo que vender esto hoy, vos cuanto tenés”, “Tengo sólo 30 pesos en estos momentos”. “Bueno, hagamos una cosa, yo te lo doy ahora y, otro día, cuando me veas por el barrio me das los otros 70 pesos”. Acordaron así y, frente a la vidriera de un negocio le dice, “te doy uno nuevo, este lo uso para mostrar”, y le dio un paquete. “Guardalo que no te lo vean, hay que tener cuidado, a ver si te lo afanan”. Este amigo, emocionado con la compra, llegó a su casa y al abrir el paquete se encontró con medio pan de jabón. No lo tomó a mal, se rió durante más de media hora, de él mismo. Este tipo de personalidad tiene como rara habilidad captar las necesidades del otro. Esta capacidad determina otro rasgo importante, que es la seducción, llevando así a los demás a entrar en un circuito psicopático. El psicópata les demuestra que le son necesarios, pero que él le es mucho más necesario a ustedes. Entonces se da un circuito entre el psicópata y la otra persona. Se establece un circuito mutuo para suplir las necesidades. Este concepto lo desarrollaremos en las conclusiones al referirnos a la comunicación que establece el psicópata con los patrones irracionales de su víctima. Si agregamos a esto que son inteligentes y manipuladores, nos damos cuenta de que es muy difícil resistirse a ellos. Relacionarse con un psicópata es un viaje de ida con retorno complejo. Si desea dar su opinión o aporte escríbame a consultashm@gmail.com o click AQUI Entrega 19: Mentiras La mentira, para el psicópata, es una herramienta de trabajo. La mentira es desvirtuar la verdad ex profeso, con un objetivo “en mente”, con el objeto de conseguir algo. La mentira siempre apunta a algo. Se miente para evitar un castigo, se miente para conseguir una recompensa, se miente para engañar a otro. Detrás de la mentira siempre hay un rédito y esto lo diferencia de la fabulación, que también es una transgresión a la verdad, pero por el mero hecho de satisfacer el ego. Es lo que utiliza el fanfarrón. El psicópata suele mentir, pero hay que distinguir la mentira banal de la mentira psicopática. El psicópata utiliza la mentira como una herramienta de trabajo más, está tan acostumbrado a mentir que es difícil captar cuando miente; son los que mienten mirando a los ojos y con una actitud relajada. No es que el psicópata mienta circunstancialmente y ocasional o esporádicamente para conseguir desligarse de alguna situación común o estándar. Sabe que está mintiendo, pero no le importa, no tiene la resonancia o displacer que uno siente cuando miente. Yo no lo llamaría mentira patológica. Nosotros le damos mucha importancia a las palabras y si estamos frente a un mentiroso ¿cuál es el valor de esas palabras? ¿Cuál es el grado de verdad de esas palabras? Tiende a cero. Si utilizamos la sobrevaloración de las palabras, caemos fácilmente en el circuito psicopático. Por eso no sirven las escalas de autoevaluación, ni el interrogatorio o la anamnesis. El psicópata dice lo que conviene decir o lo que se espera que conteste. El valor de lo que dice el psicópata debe ser colocado entre paréntesis. Si ustedes quieren evaluar al psicópata, lo importante es lo que hace. Evaluamos al psicópata a través de la conducta, de la acción. El psicópata puede mentir con la palabra o con el cuerpo cuando actúa o simula, y adapta la actuación a la persona que quiere captar. Así me contaba una madre que su hijo de 15 años le pedía las cosas con lágrimas en los ojos para enternecerla, y al padre, que se desesperaba por conseguir el afecto del hijo, lo manejaba con enojos y haciéndose el ofendido. . Ejemplo: “De entrada me mintió. Me dijo que se llamaba “Juan” (que es el nombre de su hermano) cuando en realidad se llama Ernesto. Que tenía 28 años cuando en realidad tenía 25. Que tenía novia y que luego me dijo no ser así, argumentando haber mentido para que yo no me enamorara de él (al final, en estos días, me vengo a enterar que era verdad lo primero, es decir que sí tenía novia). Y luego niega todo: cuando lo confronté y le dije que era mentira todo lo que me había dicho me dijo que él nunca había dicho eso, que yo había escuchado mal. Miente, miente y miente. Puede tener puesta una camisa blanca y te va a jurar -mirándote a los ojos y sin siquiera pestañar- que es color roja. Y sus argumentos son tan creíbles que, nuevamente, me deja confundida respecto de mi salud mental”. Otro ejemplo: “Mi hermana tenía una amiga en una ciudad a cinco minutos del pueblo donde ella trabajaba, con la que pasaba algún fin de semana, cuando no quería conducir de noche. Y un buen fin de semana, para compensar, decidieron pasarlo en el pueblo. Bueno, ahí acabó la amistad de mi hermana y su estancia en el pueblo. Mi madre nos llamó a todos y cada uno de nosotros para decirnos que las había pillado juntas en la cama, que era lesbiana, y fue un rumor que se oyó hasta en el pueblo. No solamente fue terrible que fuese mentira, lo terrible era que mi madre decía que por eso dejara de ser su hija o mi hermana o la hermana de los demás. A mi me importaba un bledo que fuese o no lesbiana, a mi lo que realmente me importaba era lo que podía sufrir mi hermana, y cuando ésta me dijo que no era cierto, yo sé que me estaba diciendo la verdad. Para el resto de la familia aún queda la duda, y ya no digo en el pueblo”. Otro ejemplo: “Nuestra hija mayor se inscribe para Química y habla con mucho entusiasmo de los maestros, las materias etc. Al concluir el año escolar resulta que no iba a clases y no le ponen ninguna calificación. Dice que quiere cursar otra carrera y se inscribe en Física, que sueña con ser una gran científica, hace planes se inscribe, nos continúa pidiendo dinero para libros, inscripción etc. Y vuelve a pasar lo mismo. Dice que quiere estudiar otra cosa y se inscribe en Filosofía y Letras, que es, ahora, realmente lo que quiere. Finalmente yo pienso que eso es lo que le conviene ya que le encanta la lectura y escribir y todo esto. Se inscribe, nos cuenta cómo le va, que sus maestros son muy buenos, que la quieren mucho, de las tareas, etc. Y actualmente ya tengo acceso a su boleta de la universidad por Internet (cosa que ella no sabe) y acabo de ver que está inscripta pero no va a clases, no tiene calificaciones finales. He pensado que quizá tenga algún trastorno de la personalidad, dado su conducta desde niña. Que no muestra remordimientos por los daños causados a sus hermanos, las mentiras sin razón de ser, siempre dice mentiras, es muy egocéntrica, nunca le ha gustado seguir normas, no hace proyectos reales, dice que va a hacer algo de su futuro, hace planes pero todo es mentira y después dice “es que estaba equivocada y no es eso lo que quiero, apóyenme a realizar lo que yo quiero”. Y seguimos con ella y nos sigue mintiendo. No es fácil porque ya es adulta y no acepta que esté mal. Ni de niña pudimos con ella, dado su carácter muy firme, convincente, maduro (para su edad), pero ahora que está grande y haciendo retrospectiva me doy cuenta, y no sé que hacer”. Actuación Actuar es mentir con el cuerpo. El mitómano es un psicópata que deja que la fantasía se despliegue en la acción, esto es, el mitómano realiza o actúa su fantasía o mentira en el terreno de la realidad, se vale de su fantasía para modificar la realidad. Mientras el fantasioso puro se contenta con su mundo de fantasía el pseudólogo fantástico, o mitómano, miente con determinada finalidad y la mentira tiene un carácter marcadamente activo, lleva adelante su mentira y trata de conseguir con ello algún fin, para lo que se requiere una enorme imaginación y una gran capacidad histriónica, son actores natos y de una gran calidad lo que hace que consigan cierto éxito. Además es muy importante la forma en que se manejan, en general son personas muy cuidadosas de los lugares donde se mueven y ejercen su acción y tienen un manejo de lo verbal y de lo gestual que las hacen encantadoras. Un ejemplo de farsante se descubrió hacia 1995, a raíz de un juicio de mala praxis. Se trata del caso del falso médico neurólogo que logró ejercer durante 16 años en un prestigioso hospital metropolitano de Buenos Aires, habiendo dado sólo unas pocas materias de medicina. A pesar de su escasa preparación inicial en medicina, a través de los años fue ganando un sólido prestigio en el Hospital, a tal punto de ganar por concurso varios ascensos, dejando atrás a muchos de los verdaderos médicos. ‘Era brillante’, reconoció uno de ellos luego de enterarse y, en el colmo de admiración decía “es como si mañana nos enteramos que Barnard no estudió cirugía”. Era fuente de consulta de los otros especialistas y presidió un Congreso de la especialidad, y hasta escribió un libro en colaboración. Los que trabajaban con él decían que era muy seductor, con una labia tremenda; que tenía una personalidad irresistible y carismática, lo que le permitió atajos en el desarrollo de su ‘carrera’; que era feliz cuando violaba las reglas de lo establecido. Cuando allanaron su casa encontraron dos títulos falsificados el de médico y el de especialista en neurología, junto a varios recetarios a su nombre. Cuando la policía le pidió la matrícula, titubeó y finalmente reconoció que no tenía título. Admitió con mucha tranquilidad que era un falso médico, además comentó, como al pasar, que ya había tenido otros inconvenientes por este tema. Fascinación Alteración de la conciencia ligeramente inferior a la sofrológica, la hipnosis, producida por el psicópata a determinadas personas. Este punto resultará, sin dudas, inquietante. Hemos visto que en la seducción el psicópata necesita que el otro esté de acuerdo, que cierre el contrato, para ello usa la persuasión y su “encanto”, pero el otro debe prestarle su voluntad, debe darle su consentimiento. Por eso decimos que la seducción es bidireccional. En el caso de la coerción se ejerce una violencia, física o psíquica para dominar al otro. Es unidireccional, va del psicópata a su víctima, y este no tiene un grado de libertad razonable para no seguir los deseos del psicópata. Pongamos en caso de que un delincuente, mediante un arma, obligue a entregar dinero. En el caso de la fascinación se mueven otros mecanismos, más profundos, menos explícitos que los anteriores y por sobre todas las cosas se produce una alteración de la conciencia del tipo de la hipnosis, pero más leve. La voluntad de la persona se ve rendida ante la del psicópata, sin oponer resistencia alguna y sin tener claridad de su propio accionar. Desde luego que este estado de fascinación se da en personas sensibles a llegar a este estado. Y no es necesario un largo contacto con el psicópata. Para que se comprenda este punto pasaré a narrar el caso de una de mis pacientes que consulta por distrés, y que durante el lapso del tratamiento conoce a un hombre divorciado, como ella, y luego de unos meses, pasa a convivir con ella y su hijo. En ocasión de un curso de perfeccionamiento se encuentra con una amiga del secundario, con quien habían sido muy unidas, de esas amigas que aunque no se frecuenten, se sabe que cuentan con ella, que se siguen queriendo. Es así que, café por medio, descargan los consabidos recuerdos del secundario y, como hacía más de cinco años que no se veían, la invita a cenar a su casa. Mi paciente deja a su hijo con su ex marido y se prepara a recibir a su amiga. Llega y le presenta a su nueva pareja. En la cena comienza una charla informal y luego la conversación se va polarizando entre la amiga y el concubino sobre el tema del Reiki. “Comencé a sentirme un poco molesta porque me estaban marginando. Cuando terminó la cena ellos seguían hablando animadamente. En un momento dado él me dice: “le voy a explicar las técnicas de Rike a tu amiga, voy a ocupar el cuarto de tu hijo y vos te vas a ver televisión al dormitorio”. ¿Y usted que hizo? , le pregunté. “Y, me fui al dormitorio” ¿Y ellos? “Se fueron al cuarto de mi hijo” ¿Y luego? “Yo me quedé en el dormitorio viendo televisión, pasaron unas dos horas y sentí ruido en el living y me levanté. Mi amiga se estaba preparando para irse, me dijo que se había hecho tarde y se fue rápido. Él me dijo que le preparara un café. Tomó el café y nos fuimos a dormir”. Yo esperé unos momentos y ella no hizo ningún otro comentario y le pregunté: ¿qué la hizo levantarse de la mesa e irse al dormitorio siendo que esto no es algo normal en un encuentro con una amiga? “No sé, sólo me levanté y me fui”. ¿qué cree que hicieron su amiga y su concubino en el cuarto de su hijo? “Como él sabe mucho de Reiki creo que le estaba explicando algunas técnicas, pero no sé, ahora que lo pienso, por qué me fui”. Habían pasados dos días de este hecho y ella todavía no tenía clara conciencia de lo que había pasado en su casa. Es interesante la triangulación que se da en este caso, y las inhibiciones que tuvieron que sortearse para que se de una situación así. Primero la capacidad de seducción del psicópata (encuadraba perfectamente en esta descripción no sólo por esta conducta sino por muchos rasgos que no comentaremos aquí) hacia la amiga. Es una persona que conoce un par de horas antes y él captó su necesidad de hembra, y en una situación altamente desfavorable (estaba cenando con su pareja) decide realizar el coito, (luego, en una conversación personal, él lo confirmó). Por otro lado la amiga debe saltear sus represiones para, en la casa de su amiga, satisfacer sus necesidades sexuales. Él despliega una de las características marcadas del psicópata que es el aspecto lúdico, él apuesta a que va a conseguir lo que quiere y sin riesgos, en esa situación especialísima. ¡Y lo hace! Quince días después, ella cae en la cuenta de lo que ha sucedido. Debo aclarar que mi paciente es una profesional, que, amén de ser divorciada, no es inexperta en la relación con los hombres. Digo esto porque varias lectoras pensarán que es lela o directamente estúpida; no lo es, ni mucho menos. En la relación con un psicópata se pueden dar estas u otras circunstancias atípicas. Coerción Relación unidireccional entre el psicópata y el otro, donde intervienen presiones instrumentales, físicas o psicológicas que le impiden optar a la víctima. A principios del año 2003 vino a consultarme una mujer de unos 30 años por presentar ataques de pánico. Cuenta que la semana anterior al volver de compras nota que la puerta de entrada no estaba con llave. Como ella es distraída pensó que se había olvidado de cerrar la puerta al irse. Así que no le dio importancia y entró. Dejó las compras y fue a la cocina a lavar unos platos. Estaba en eso cuando de pronto siente que alguien a sus espaldas la estaba mirando. Se asustó porque sabía que su marido estaba en el trabajo, y se dio vuelta y en el marco de la puerta de la cocina había un hombre que le dijo: “No me mires y decime donde está la plata”. Ella le dice que la única plata que hay está en su billetera. “Está bien, ahora desnúdate”. El hombre no estaba nervioso y no gritaba, tampoco ella vio arma alguna. Así que procedió a desnudarse. “Ahora vas a la ducha y te bañás y no salgas hasta que yo te diga”. Así lo hizo, se colocó debajo de la ducha. Ella sentía ruidos en el living y el dormitorio. Pasado un buen rato se hizo silencio y ella salió de la ducha y él apareció en la puerta del baño la miró y le dijo “Ya te dije que no salgas de la ducha”. Ella se volvió a meter debajo del agua. Esperó y esperó y finalmente se animó y salió, no había nadie, sólo algunas cosas desordenadas. Cuando terminó de narrar me dijo con un tono muy particular “No me violó” y, tras una pausa, poco convincente, “Por suerte”. Este hombre ejerce una coerción con el acento puesto en lo psicológico más que en lo físico y sin armas. Crea un clima de violación, de gran expectación sexual, para terminar con un desprecio por la hembra, desprecio que es acusado no por la parte lógica de esta mujer, sino por esencia femenina. Parasitismo Utilización del otro como medio de subsistencia, aquí el psicópata realiza la manipulación necesaria para conseguir sus fines, pero sin presionar demasiado, como actúa un parásito en su relación con el huésped. Escribe alguien que convivió con un psicópata: “Cuando hablo de parásito, estoy hablando del depredador, de aquél que una vez que ha “chupado” toda la energía que hay disponible, se va relamiéndose el bigote. Creo que una persona que ha tenido la experiencia de estar cerca de un ser como éstos puede decir que es una experiencia física, ya no mental, no, es una experiencia física de agotamiento y es al cabo de unos días que uno puede sentirse más libre, mas suelto, se va el agarrotamiento y se puede andar más ligero (la angustia mental es un fardo muy pesado).” Yo tenía un compañero en la Facultad, era del interior, y ya venía con la idea de conquistarse a una “veterana”, profesional, con buen pasar para que lo mantuviera durante toda la carrera. Es así que se conquistó a una arquitecta de 30 años (el no llegaba a los 20) y se mantenía económicamente gracias de esta mujer. Años después, cuando se recibió ni siquiera esperó un tiempo prudencial, simuló una crisis emocional y se fue a su provincia, sin ningún tipo de contemplación”. Eso es un uso parasitario de una persona. Relaciones utilitarias El psicópata establece un tipo de relación para captar al otro y conseguir un objetivo. Y una vez logrado, se desprende del otro sin el menor miramiento o consideración. Como una herramienta que no usamos más. Insensibilidad Escasa o nula repercusión emocional ante el daño causado al otro, en los hechos psicopáticos. Permanece indiferente ante el dolor ajeno. Lo cual no implica que, fuera de las acciones psicopáticas, no se muestre sensible a otras personas, mascotas u objetos “No tiene la menor idea de lo que es ponerse en el lugar del otro y reconocer lo que esa otra persona está sintiendo. Él trabaja en la Morgue, hace autopsias y dice no sentir absolutamente nada por la gente allí presente (ya sean cadáveres o familiares de los fallecidos que lloran y gritan desconsoladamente ante los reconocimentos). Inclusive se ha ofrecido a participar de autopsias de gente conocida suya (como amigos o hijos de amigos) que han muerto de formas violentas y no se le mueve un pelo. Es más, lo he acompañado a trabajar y he estado presente en la sala de autopsias, mirándolo “en vivo y en directo” y es la persona más fría que he visto en mi vida. No es sólo profesional, es frío.” Otro ejemplo (desde México) “Cuando mi hija tenía 7 años nace su hermanito… a ella no le hace gracia… siempre lo trata muy mal, de indiferencia al principio y de agresiones no manifiestas. Por ejemplo le decía yo que le diera de comer y no se lo daba decía que no quería… a sus juguitos le ponía la mano para taparles el popote y decía “mira mamá no quiere”. Ya más grandecito le metía el pie para que se tropezara etc… Al principio nos parecía normal sus celos, cuando nació su otro hermanito se mostraba indiferente con éste aunque no de agresión. Conforme crecieron la niña decía muchas mentiras y el hijo de en medio era muy nervioso, llorón, etc. (estuvo en tratamiento por hiperactividad y baja tolerancia a la frustración). Al concluir la escuela primaria, ella tenía muchas amigas muy queridas que la visitaban y ella las visitaba. De la fiesta de graduación no nos informó y no nos entregó la invitación, después que nos enteramos le llamamos la atención y su respuesta es que no quería ir ni ver a sus amigas… ya no volvió a visitar a nadie. Nunca lloró, se enojó ni mostró ningún sentimiento. Esto me pareció muy extraño. Pensé que iría a la fiesta, lloraría etc., como todos lo hicimos alguna vez al concluir un período escolar, pero no fue así”. Crueldad Puede ser impiadoso, hacer padecer, dañar severamente a otros, sin repercusión emocional displacentera. La mayoría de los torturadores de nuestra última guerra civil, consideraban que simplemente estaban realizando un trabajo. “Cuando mi hija ya tenía aproximadamente 15 o 16 años, el de el medio 9 y el menor 6 años, éste último nos dice que su hermana trata muy mal a su hermano… (cuando no estábamos, trabajamos los dos), que lo golpea con la pared, lo pellizca, lo viste de mujer, lo amenaza, etc. (cuando presentaba golpes nos decía que se había caído). El otro niño se atreve a hablar y nos dice que es así, que siempre lo ha tratado así, pero tiene miedo de su hermana.” “Dr. Marietán: Hace muchos años que hemos llorado la insensibilidad de mi hija y sus mentiras, primero pensando que era apenas una niña, después que eran problemas de adolescente… pero ya va a cumplir 22 (disculpe, es un desahogo poder hablar de esto que nos agobia, porque los familiares cercanos no comprenden y en muchas ocasiones hemos mentido para “cubrir” su conducta, incluso ante sus hermanos, actualmente de 12 y 15 años). Hubo una época que adoraba a Marilyn Manson y a su cuarto lo pintó morado con muchos cuadros de él, y a sus hermanos les daba miedo entrar y ella gozaba cuando lloraban. Un hámster hembra que tenía con ella como un año y que le trajo pareja y tuvieron crías “se le olvidó” darles de comer y se murieron todos, hasta yo los lloré, y ella no. También un perrito que teníamos y atropellaron. De hecho nunca la he visto que llore por situaciones así, las únicas veces que ha llorado es porque le hemos hablado muy duramente y ha llorado y dicho que no la queremos (con mucho coraje y gritando). Hace casi 4 años sufrí un accidente grave, estuve 4 meses inmovilizada y el médico me dijo que probablemente quedara parapléjica; fue algo muy duro. Mi esposo lloraba conmigo, mis hijos también, ella no. Siempre fue insensible y lo que me dijo en una ocasión fue que ella también tenía problemas de salud y nadie se molestaba por ella, que le molestaba que yo quisiera llamar la atención. De hecho esa fue la gota que derramó el vaso, y cuando me recuperé decidí que lo más sano es que estuviéramos separadas y quizá “cambiara”. Pretexté un cambio de ciudad por mi trabajo y mi esposo me apoyó y él también buscó ese cambio. Pensé que iba sufrir cuando nos separáramos, pero lo tomó muy tranquila. He llorado mucho por estar separadas, pero cuando estamos juntas sufro más ¿Qué le debo decir a mis otros dos hijos? Ellos ya preguntan por qué su hermana es así. Gracias por su atención, el poder decir todo esto me alivia un poco, no es nada fácil”. Tolerancia a situaciones de tensión Permanecer impasible u obrar fríamente ante situaciones de alta tensión en las que un ‘normal’ se paralizaría, descontrolaría o accionaría inadecuadamente. Esta característica posibilita que realice acciones de alto riesgo y, paradójicamente, arriesguen o pierdan la vida. A diario vemos ejemplos tanto en policías o delincuentes de este tipo accionar. También en los negocios o la política hay muestras de este rasgo. El caso Yiya Murano Fuente: Reincidentes Argentinos http://comunidades.calle22.com/comunidades/1130/com1130con6.asp Su verdadero nombre era María de las Mercedes Bernardina Bella Aponte. Nacida en la provincia de Corrientes (Argentina) en el año 1930. Acusada de haber envenenado a tres mujeres y llevada a juicio por homicidio, Yiya Murano nunca confesó. Fue absuelta en primera instancia, el juez alegó que había dudas insalvables. Tres años después, la Cámara de Apelaciones evaluó los indicios de manera diametralmente opuesta y la condenó a cadena perpetua. Año tras año Yiya presenta pedidos de indulto y de conmutación de pena porque insiste en su inocencia. Hace poco, sus reclamos fueron escuchados por el presidente de Argentina, Carlos Menem y su pena fue reducida a 25 años de prisión. Se presenta en los programas de televisión y sigue alegando su inocencia, aunque su personalidad manipuladora quedó al descubierto por las declaraciones de su hijo Martín Murano, y de su actual esposo de apellido Chiodi (Ej: ella anunció que estaba felizmente casada y que su marido la aceptaba por considerarla inocente, sin embargo al otro día su marido pidió presentarse en el mismo programa y confesar que eso era mentira, que si bien se casaron nunca jamás habían convivido y ella nunca le había confesado nada acerca de su pasado y su estancia en la cárcel, alegando que su marido era golpeador y ella lo había matado por accidente, mientras se defendía). Carmen Zulema del Giorgio Venturini, su prima segunda, tentada por las promesas de jugosos intereses, entregó a Yiya un montón de dinero no muy significativo, con el propósito de que lo invirtiera. Luego del éxito de su primera inversión decidió hacer otra. Su vecina Nilda, hizo lo mismo y una amiga de ésta, Leticia Fornisano de Ayala también se sintió atraída y decidió invertir. Yiya aumentaba desmedidamente su amistad hacia estas y sobre todo, las visitaba con mayor frecuencia. El sábado 10 de febrero de 1979 Nilda Gamba comenzó a sentir dolores agudos en el estómago y náuseas. El médico que la atendió le pronosticó intoxicación y ella recordó (al médico) haber tomado el té con Yiya. Yiya se ofreció a cuidarla. Por la noche, empeorando, entró en estado de coma y el domingo fallecía. Yiya buscó al doctor Tomer, el primero que la atendió, con el fin de que firmara el certificado de defunción. El médico se negó alegando que él no había sido el último en atenderla. Ante tal inconveniente, Yiya se dirigió al medico de la cochera, quien sí aceptó el trámite a cambio de una propina. La causa de muerte según el certificado fue: paro cardíaco no traumático, fórmula que evita la autopsia. Un mes y medio antes, durante tres días no se supo nada de Nilda. Se hizo la denuncia a la policía y cuando forzaron la puerta encontraron a Nilda tirada en el piso, víctima de un coma diabético.
 
 
 
Aquella vez fue Yiya la persona que vio a Nilda por última vez antes de que se descompusiera. Puede que haya sido un intento de envenenamiento que no resultó, o tal vez lo del coma diabético haya sido verdad. Días más tarde cuando debía devolver el dinero a Chicha, Yiya fue a su casa a tomar el té y a tranquilizarla. Según ella convinieron en encontrarse esa misma noche. Cuando Yiya y las otras amigas fueron a buscarla, nadie contestaba. El 22 de febrero los vecinos del edificio denunciaron a la policía que del departamento ocupado por Chicha salía un olor penetrante y que nadie contestaba el timbre. Al forzar la puerta encontraron el cadáver sentado frente a la TV, a su lado restos de pescado, una taza con un poco de té. También en este caso el médico de la funeraria extendió el certificado de muerte: infarto de miocardio no traumático. El 24 de marzo, Mema del Giorgio Venturini sintió náuseas y un profundo malestar. Desfalleciente, se arrastró hacia el pasillo del edificio, pero presa del vértigo perdió el equilibrio y cayó haciendo ruido, el cual escucharon los vecinos y acudieron a socorrerla. En ese momento llegaba Yiya quien preguntó a los vecinos si Mema había dicho algo antes de perder el conocimiento. De camino al hospital en la ambulancia, al fallecer la víctima le preguntó al medico si sería necesaria la autopsia. Cuando Diana Maria Venturini, hija de Mema, intentaba poner en orden las pertenencias de su madre descubrió que faltaban unos Pagarés que habían sido extendidos como garantía de los depósitos de Yiya, ante este hecho, indagó al portero del edificio quien recordó haberle dado las llaves del departamento a Yiya, minutos después de ocurrido el incidente, con el propósito de hacer unas llamadas a los familiares (las cuales nunca se hicieron). Ya en su domicilio y con la mente más despejada Diana comenzó a hacer conjeturas. Puesto que otras 2 personas a quienes Yiya debía dinero habían muerto en circunstancias similares a las de su madre, decidió hablar del caso con la policía. A partir de eso, el juez ordenó la exhumación de los cadáveres para realizarles las autopsias pertinentes. En el caso de Nilda y Chicha, inhumadas en tierra, esa tarea no arrojaría resultados decisivos ya que en el proceso de descomposición de los cuerpos una de las sustancias que se forman es el clorhidrato de cianuro. Esto impide establecer si la sustancia esta allí por causas naturales o por haber sido injerida en vida. En cambio, en el cadáver de Mema pudo determinarse con exactitud que en sus vísceras había restos de cianuro alcalino y así se consideró que se trataba de muerte por envenenamiento. A los tres años de estar detenida, salió en libertad. ¿Cómo explicar la decisión de la justicia cuando nadie dudaba de su culpabilidad? Primero: Yiya nunca había confesado, segundo, si bien todas las pruebas apuntaban en su contra, no hubo testigos directos de los crímenes, y por último, que la querella se basaba en que otra persona no podría haber sido, pero demostraba incapacidad en probar la autoría de la imputada. Yiya estuvo muy cerca de cometer el crimen perfecto que tanto admiraba. Las mujeres habían sido asesinadas con una sustancia que, una vez muertas, era producida por el cuerpo en estado de descomposición. Sólo la agonía de Mema le había dificultado las cosas. Después de tres años de libertad, la Cámara de Apelaciones la considera culpable, ante este fallo, Yiya planea fugarse. La Cámara calificó que los hechos constituyen homicidio calificado por ser cometidos con veneno reiterado en tres oportunidades. También se la condenó por el delito de estafa al patrimonio de estas mujeres. Desde el punto de vista médico, de acuerdo con el informe forense, Yiya presenta ´una personalidad polifacética en la que se destacan componentes histéricos, paranoides y perversos, y es precisamente en base al tipo de personalidad que estiman los médicos que posee peligrosidad social´. Se consideró probado en la causa que el cianuro que llevó a la muerte a Mema Venturini y a Nilda Gamba fue colocado en vasos de agua, como parte de remedios, que éstas tomaban sin dudar, en razón de la confianza que tenían con Yiya. En cuanto al caso de Chicha Ayala, el tribunal sostuvo que el cianuro tuvo dos vehículos posibles: el té o las pasas. Se sabe o supone que el cianuro estaba en los saquitos de té, ésta es una manera de que nadie sospeche de ella por que las mujeres vivían solas, eran de avanzada edad y cuando morían no hacía falta que Yiya estuviese presente. Entrega 20. La responsabilidad legal del psicópata ¿Cuál es la utilidad del psicópata para el grupo? Consideraciones sobre la psicopatía. Conclusiones Con esta entrega finalizamos este curso sobre psicopatía, es más que probable que continuemos con otro curso durante este año para hablar de los distintos casos de psicopatía, ya sobre la base de este curso. Quiero agradecer a todos los que participaron y a aquellos que me enviaron sus inquietudes y dudas, también a los directivos de Sandoz y GTV y a las autoridades de las instituciones que me avalaron. Espero haberles sido de utilidad en este primer paso de este complejo tema de la psicopatía. Gracias a todos. La responsabilidad legal del psicópata Genovés(3) se plantea el interrogante ¿el psicópata es responsable de sus actos? Y para ello establece tres pruebas para estimar el grado de responsabilidad de una persona en sus acciones criminales: 1. No puede ser declarado a priori insano, si no es con un peritaje previo. La regla principal es que un imputado está cuerdo hasta que se demuestre lo contrario. Si nos basamos estrictamente en lo legal, los psicópatas son responsables, ya que conocen perfectamente las normas, al igual que todos los demás. En cambio si nos referimos a lo estrictamente moral, el prejuicio se vuelve más ambiguo, porque el psicópata carece de apego emocional y sentido de culpabilidad. 2. Impulso irresistible. Esta regla afirma que el sujeto puede conocer la diferencia entre el bien y el mal, pero tener el impulso irresistible de cometer el acto. Esto no es compartido por todos, ya que algunos encuentran ambigüedad en la definición de irresistible al impulso. Impulso implica espontaneidad (incapacidad para demorar la gratificación) y en algunos casos el psicópata prepara cuidadosamente su crimen durante largo tiempo antes de cometerlo. 3. Se propone que el sujeto no es responsable criminalmente si su acción delictiva es producto de su enfermedad o su tara mental. En Estados Unidos, por ejemplo, en el modelo del Código Penal de 1962, se expone que una persona no es responsable de una conducta criminal, si en el momento de realizar tal conducta tiene disminuidas sus capacidades fundamentales para ejercer la criminalidad por la conformidad de su conducta con la ley, como resultado de un trastorno o tara mental. O sea que hay tres posibilidades en teoría que la ley ofrece en los tribunales mundiales y son las siguientes: a) Responsabilidad total: castiga a un individuo anormal del mismo modo que al normal; b) Responsabilidad atenuada: no hay solución plausible, ya que después de una corta estancia en prisión encuentran mejores condiciones para volver a delinquir. c) Exención de responsabilidad: equipara al psicópata como un enajenado debiendo ingresar a un hospital psiquiátrico. En Estados Unidos, el Tribunal Supremo (sentencia de abril de 1988) dice que el concepto estadístico de considerar la psicopatía como una desviación del comportamiento, tiende en la actualidad a ser sustituido por una anomalía estructural de la personalidad y por ello como auténtica enfermedad mental, tal y como la consideraba la Organización Mundial de la Salud. Y en su virtud reduce la pena por homicidio en dos grados quedando rebajada a cuatro años de prisión. En Argentina El hecho de no ser consideradas personas enfermas, abre una polémica dentro del campo de la medicina legal. La postura actual es no considerarlos personas enfermas. En ocasiones ciertas conductas los ponen en contacto con el sistema judicial (robos, violaciones, homicidios, etcétera). Pueden discernir y entender la criminalidad de sus actos y dirigir sus acciones, en consecuencia son responsables por lo que hacen. No entrando en las condiciones de inimputabilidad del artículo 34 del C. P. (no son enfermos) siendo, por lo tanto, punibles. El doctor Vicente Cabello, médico legista argentino, sustenta otra postura. Opina que ante toda psicopatía debe investigarse exhaustivamente la posibilidad de una noxa cerebral. Considera que son personas enfermas, la conducta que tienen no es porque sí, sino que es producto de su enfermedad, en consecuencia, para esta escuela, son inimputables.(16) ¿Cuál es la utilidad del psicópata para el grupo? Podemos especular el por qué de la existencia de los psicópatas, cuál es su valor social. Tal vez estas personas sean un reaseguro de la especie, del grupo. Ante una emergencia alguien debe responder con características no habituales para hacer frente a la situación totalmente anómala, imprevista o extraña. Así, en un caso de guerra, aquel que es tildado de desalmado, cruel e insensible es el héroe. Es aquel que va al frente, que asume riesgos que el grueso no, se arriesga, y lleva adelante acciones que la mayoría no se animaría a realizar, es el comando de un grupo de guerra. O sea, esa potencialidad que es totalmente desfavorable en tiempo de paz, y puede llevar a esta persona a desarrollar conductas muy agresivas a su entorno, (delincuencia, criminalidad, etcétera), es la misma. que en situaciones anómalas se ajusta perfectamente a los requisitos de emergencia que tienen que solucionar. Los psicópatas serían parte de la reserva del grupo en caso de emergencia, pero en estados normales son absolutamente chocantes para la sociedad. Estas personalidades atípicas pueden tener cierta adaptación a la sociedad, como el caso del psicópata insensible que puede convertirse en un arrojado policía, un buen militar, un torturador, un gobernante para tiempos de crisis, un talentoso deportista, un excelente cirujano. La anticipación del peligro, el miedo, no los inhibe para la acción. Y son, en consecuencia, refractarios al condicionamiento adversivo. También el psicópata es al que le encargamos hacer el trabajo “sucio”: es al que llaman para torturar, para eliminar masas de gente de un país, para hacerse cargo de la “represión brutal” contra una fracción revolucionaria o los delincuentes, o es el revolucionario al que alientan los que desean un cambio radical en un país; es el militar al que le hacen quemar una aldea, o lo hacen infiltrar como espía en el bando contrario, es el policía al que llaman para que se tirotee con los delincuentes, es el abogado al que contratamos para que con sus artimañas nos haga zafar de un delito, o al político que lo dejamos que modifique todo el sistema económico, es el empresario que con sus manipulaciones, amenazas, coimas y sobornos dejamos enriquecer. Y luego, superada la crisis o la emergencia, y a veces, los juzgamos por criminales o estafadores o transgresores. A modo de conclusión Consideraciones sobre la psicopatía Los valores tienen su origen en las necesidades sociales. La suma de experiencias individuales y del grupo van formando aquellos sedimentos de patrones de conductas deseables que constituyen los valores. Estos valores son transmitidos del entorno al individuo a través de la familia, la escuela. Conceptos externos al individuo son introyectados, asimilados y luego pasan a ser parte del propio individuo. Pasan a convertirse en “sus valores”. Esto le permite tener una conducta ajustada y no discordante con su entorno. Por supuesto que hay un rango de ajuste, y también un rango de desajuste tolerado. Son aquellas pequeñas desviaciones a los “valores bases”. Es decir que en toda sociedad existe la posibilidad de tolerancia a pequeñas desviaciones a las normas. La comunidad, el hecho de pertenecer a un grupo, significa para el individuo un resguardo, un sistema de seguridad. En ese grupo, él va a tener un deber, una responsabilidad y deberá seguir un código. A cambio de eso el grupo, a su vez, lo protege de circunstancias que pueden ser riesgosas para un solo individuo. El deber, entonces, es la responsabilidad del individuo frente el grupo, es un hecho extrínseco, objetivable; se sabe si tal individuo cumplió o no con su deber, si ha sido responsable o no. Luego están los principios personales, los códigos propios de cada individuo, eso es interno y solamente él tiene en cuenta, para sí mismo, si ha cumplido o no con sus principios. El código personal, los propios principios, es absolutamente subjetivo. No cumplir con esos códigos individuales genera culpa. Así en ocasiones, se puede faltar al deber, ser irresponsable desde el punto de vista objetivo y desde el punto de vista de la mirada del grupo hacia el individuo. Pero, para él, si ese acto o esa acción que cometió tiene una justificación personal, privada, coherente con su código personal, no manifiesta para sí mismo culpa, no se siente culpable. Existen, por un lado la ley, las normas, y por otro lado las ambiciones del individuo. Las ambiciones individuales deben encajar o seguir las reglas de juego, los códigos de la sociedad para conseguir un equilibro adaptativo. Hay límites a la ambición. La sociedad tolera ciertos errores, pero no la ostentación del error. La sociedad tiene una limitación y un permiso que es explícito y corresponde a las normativas, a las leyes. Luego hay un permiso tácito, implícito, que no está escrito, que hace que se toleren algunas desviaciones a la norma. ¿Por qué al psicópata no le importa sortear las normas? Porque necesita satisfacer sus “necesidades atípicas”. Porque sobredimensiona sus posibilidades, su ingenio o su suerte por un optimismo ingenuo o lúdico: “esta vez no me van a agarrar”, o “esto me va a salir bien”, o por un costo – beneficio aceptado. Es decir, por asumir un riesgo que puede tener una consecuencia grave, pero que el resultado de esa acción vale el llevar adelante el riesgo. Ser optimista es fantasear en una proyección virtual hacia el futuro con un resultado positivo. El optimismo está relacionado con la ensoñación. Ésta es parte del trabajo psíquico que consiste en utilizar la imaginación como campo de proyección de posibles acciones a realizar. El psicópata no transgrede las normas. Transgredir es valorar (conocer y sentir) las normas y a pesar de ello sortearlas. El psicópata ve a las normas como un obstáculo a sus ambiciones. La norma no le genera el temor inhibitorio que a la mayoría de las personas. La norma tiene un enunciado y un significado por sí (explícito) y por la amenaza (implícita) que implica su no seguimiento. Es decir, en toda ley hay una amenaza, una apelación a las consecuencias negativas que pueden ocurrirle al individuo de no seguirlas. Subyace una prohibición, un daño a futuro para aquel que no la cumpla. Toda ley, toda norma, genera temor e implica la posibilidad de castigo. La ley está hecha para domar, para doblegar y para condicionar las conductas instintivas de los individuos y entornarlas con el siguiente lema “Si quieres pertenecer a este grupo, estas son las reglas. Si se cumplen las reglas estás dentro, si no las cumples estás fuera”. El psicópata tiene la particularidad de estar dentro del grupo y de sortear alguna de sus normas pero no todas, de lo contrario sería desplazado del grupo. ¿Hasta cuándo sucede esto? Hasta que en algún momento se extralimita fuertemente y es “descubierto y señalizado”. Un personaje poderoso, ya fallecido, seguía un concepto sobre el poder. Él decía “el poder es tener impunidad, es hacer sin temer las consecuencias”. El psicópata es siempre otro, no hace un insight, es decir, no hay un darse cuenta. Él no es consciente de su propia psicopatía. ¿Es el psicópata un inmaduro que se quedó en la etapa adolescente de su desarrollo? A veces, algunos psicópatas dependientes parecen contestar sí a esta pregunta, o algún tipo de asunción de riesgo “infantiloide” parece confirmar este punto. Los psicópatas son refractarios a los estímulos, tanto a los estímulos negativos (castigos, penas, contra argumentaciones a la acción en apelación a las normas), como también, y esto es poco notado, son refractarios a los estímulos positivos (cariños, recompensas, suavización de las penas, apelaciones a lo afectivo). El psicópata no modifica su conducta por ninguno de los dos estímulos, ni positivos ni negativos. La mentira, para el psicópata, es una herramienta de trabajo. La mentira es desvirtuar la verdad ex profeso, con un objetivo “en mente”, con el objeto de conseguir algo. La mentira siempre apunta a algo. Se miente para evitar un castigo, se miente para conseguir una recompensa, se miente para engañar a otro. Detrás de la mentira siempre hay un rédito y esto lo diferencia de la fabulación, que también es una transgresión a la verdad, pero por el mero hecho de satisfacer el ego. Es lo que utiliza el fanfarrón. El psicópata puede sortear todo tipo de normas, pero no el 100% de las normas, sino sería rápidamente detectado y eliminado del grupo. Puede sortear las normas, la ley social, y convertirse en un delincuente, estafador o un revolucionario. Puede no cumplir las leyes éticas, en general, de la sociedad o puede tener conductas sexuales como la prostitución, la homosexualidad y cualquier otro tipo de perversión. Dentro de las alteraciones de la ética, está su particular relación con los otros seres humanos, que es la cosificación del otro, que le permite utilizarlo como una cosa, como un objeto de intercambio o de utilidad. Esta cosificación es lo que explica, tal vez, llegar a torturar o matar al otro. Hay distorsión en la forma de autoestimulación, por eso el psicópata a veces cae en la droga y el alcohol. Algunas conductas psicopáticas pueden parecen ilógicas (visto desde afuera), pero es perfectamente lógica para el psicópata. Son lógicas distintas, son sistemas de razonamientos distintos, códigos distintos y valores diferentes basados en necesidades distintas. La conducta psicopática puede, ser a veces, de mucha inestabilidad frente a estímulos objetivamente pequeños (para el normal), o al revés, el psicópata puede permanecer con una conducta de mucha estabilidad, a pesar de las fluctuaciones del ambiente, es decir, puede permanecer sereno en situaciones que desestabilizan a la mayoría. El fracaso lo derrumba. Los momentos de crisis de los psicópatas son producidos por frustraciones y fracasos. Siempre coloca la responsabilidad de su fracaso o su frustración, en lo otro, en lo externo (defensa “aloplástica”). El éxito del psicópata en el medio social, no asegura que se estabilice. En ocasiones después de mucho esfuerzo, destruyen todo lo que han hecho, por un acto banal. Esto es desconcertante para el “normal” que observa esto, que ha seguido toda la trayectoria y el accionar de la inteligencia de éste hombre exitoso y sin embargo, por una tontería, destruye todo andamiaje. Los casos resonantes de personajes internacionalmente importantes, me eximen de más comentarios. Dentro de los tipos de psicópatas, en su relación con el sistema, están: Los que aprovechan el sistema, para sacar beneficio (estafadores menores, algunos políticos, especuladores); Los que confrontan con el sistema dentro del sistema (delincuentes, estafadores graves, criminales, políticos extremistas, tanto de derecha como de izquierda); Aquellos que quieren cambiar el sistema (los que se marginan, y desde la marginación tratan de romper el sistema). Cualesquiera sea la pertenencia del psicópata en estos tres grupos, siempre están contra el orden establecido. Hay algo en el psicópata que le impide aceptar el orden establecido. Así lo vemos al querellante fatigar tribunales apelando una justicia que nunca termina de convencerlo. Y si la “justicia” se demora o no es suficiente ¿por qué no ser él mismo el que la ejecute? El psicópata pude tener tres tipos de conductas: a) Accionar normal: es su parte adaptada al patrón conductal normal. No se le “nota” la psicopatía. b) Accionar psicopático: es la manifestación de sus conductas psicopáticas. La ejerce sobre determinadas personas, complementarios o víctimas. c) Tormenta psicopática: es la conducta psicopática desestabilizada. De gran inestabilidad emocional y tensión interna, que el psicópata trata de equilibrarla a través del rito psicopático, grupo de conductas repetitivas (el patrón conductual psicopático). Hay impulsos y automatismos. Intensa descarga de la tensión interna sobre lo externo. No puede parar sus acciones hasta lograr reestabilizarse. La forma que toma esta desestabilización dependerá del tipo y grado de psicopatía. Aquí es donde se producen los homicidios seriales o extremadamente crueles, las violaciones, destrucciones y también los suicidios. Es donde el psicópata de tipo asocial deja su sello, su marca personal. El psicópata en general, se justifica a sí mismo en todas sus acciones. Suele ser acusador y crítico. A la pregunta ¿por qué el psicópata no sigue las normas? La respuesta es simple, porque las normas no se ajustan a sus deseos. Este tipo de personalidades tienen un particular sentido de la libertad. Ser libre es poder hacer sin impedimentos. Poder optar. Las trabas a la expansión de la acción, pueden ser internas o externas. Si estos seres minimizan sus trabas internas (llámese represión, inhibición o remordimiento) sólo les quedan las trabas externas. Si los impedimentos externos no están corroborados por la propia lógica ni tienen el peso de los sentimientos, a qué seguirlos. Se convierten en algo artificioso, armado por otros. Un como sí lúdico. Un juego donde se conocen las reglas, los obstáculos, pero en el fondo es todo fantochada. Es así un jugador sin impedimentos que conoce los impedimentos. ¿No será este uso particular de la libertad lo que lo hace seductor al apelar a las libertades reprimidas del otro? Tal vez el psicópata busque detrás de las máscaras, de la imagen, de la “persona”, al “animalito” deseoso y encerrado que todos llevamos dentro y lo anime a participar en un juego ambivalente de satisfacciones y angustias. Es campo de estudio del biólogo la variabilidad de la especie humana (raro – común); del sociólogo el ajuste del individuo en el grupo (adaptado – inadaptado); del moralista (religioso, ético) valorar lo bueno y lo malo; del legista juzgar las responsabilidades; del psicólogo las motivaciones de la conducta individual. El médico debe limitarse a su estricto campo que consiste en evaluar si una persona está sana o enferma. Y, el psicópata, puede ser raro, inadaptado, malvado, delincuente o tener una conducta incomprensible, pero no es un enfermo.
Hugo Marietan, 1994, actualizado a marzo de 2006, Buenos Aires, Argentina

 

Bibliografía:

 

1. Bruno, Antonio; “Personalidad perversa post traumática”, tesis de doctorado, 1958. 2. Garrido Genovés, Vicente; Técnicas de tratamiento para delincuentes, Ramón Areces, Madrid, 1993. 3. Garrido Genovés, Vicente; Psicópata; Editorial Tirant Lo Blanch; Valencia; 1993. 4. Otto Kernberg, Diagnóstico Diferencial de la Conducta Antisocial, Revista de Psiquiatría, 1988,volúmen 5, página 101 a 111, Chile 5. Bruno, A.; Tórtora, G.; ” Las psicopatías”, Psicología forense, Sexología y praxis, año 3, vol. 2, Nº 4, año 1996. 6. Pinel, Philippe “Tratado médico filosófico de la enajenación mental o manía”, Ediciones Nieva, Madrid 1988. 7. Schneider, Kurt, “Las personalidades psicopáticas”, Ediciones Morata, 8º edición, Madrid, 1980 8. Laplanche, J., Pontalis B. “Diccionario de psicoanálisis”, Editorial Labor, Barcelona, 1981. 9. Berrios, G. “Puntos de vista europeos en los trastornos de la personalidad”, Comprehensive Psychiatry, Nº 1, 1993. 10. Bercherie, Paul, Los fundamentos de la clínica, editorial Manantial, Buenos Aires, 1986. 11. Gregory R. L., Diccionario de la Mente, Editorial Alianza, Madrid, 1955. 12. Marietán, H., Semiología psiquiátrica. Funciones básicas. Editorial Ananké, Buenos Aires, 1996. 12b) Marietan, Hugo: Personalidades psicopáticas, Alcmeon 27, 1998 13. DSM IV, Editorial Mason, Barcelona, 1995 14. Oates, J., Babilonia, Ediciones Martínez Roca, Barcelona, 1989. 15. Marietán, H., Semiología psiquiátrica. Grupos sintomáticos. Editorial Ananké, Buenos Aires, 1998. 16. Cabello, V., Psiquiatría Forense en el Derecho Penal. T3, Editorial Hammurabi, Buenos Aires, 1984.

 

Semiología psiquiátrica

Asesinos seriales
 

 ADOLFO VÁSQUEZ ROCCA PH.D. 

Un investigador internacionalmente destacado en el tema de la psicopatía, el Dr. Robert Hare, cree que es poco probable que alguna vez se llegue a una teoría unificada sobre las causas de la violencia en general, sin embargo plantea que nos estamos acercando hacia una mayor comprensión de ciertos tipos de violencia depredadora atribuibles a los psicópatas. Las respuestas no estarían dentro de los factores sociológicos o de entorno sino más bien dentro del individuo.

Tal y como el asesino Berdella demostró, los psicópatas son arrogantes, narcisistas, superficiales, manipuladores y grandilocuentes. No tienen consideración alguna por el sufrimiento que pueden causar y en general no establecen fuertes vínculos emocionales con los otros. El trastorno de la psicopatía aparece en todas las culturas y se manifiesta tempranamente con desordenes de conducta, cruel indiferencia y desordenes de déficit de atención e hiperactividad. Aunque no todos los psicópatas violan la ley, muchos manifiestan comportamientos antisociales como manipular emocionalmente, agredir y ser crueles. La necesidad de poder y control es lo que conduce el accionar de los psicópatas, quienes son sujetos que ven el mundo en términos de dadores y tomadores, sintiéndose justificados de ser los tomadores. Su violencia, como una vez dijo el asesino serial Arthur Shawcross, es solo un negocio usual. En otras palabras, su agresión es instrumental, no reactiva, y está encaminada hacia alguna oscura ganancia.

En términos de tratamiento[1], Hare nota que los agresores sexuales que son psicopáticos presentan problemas especiales. Las agresiones de los agresores sexuales psicopáticos —dice Hare citando la literatura médica— serán probablemente más violentas y sádicas que las del resto de agresores sexuales.

Los psicópatas también reinciden más, diversifican sus crímenes, y fallan a la hora de aprender de los castigos. Al parecer sufren de cierta angustia personal, aparecen mal con sus actitudes y conducta, y buscan tratamiento solo cuando va con sus intereses.

Aparentemente fallan en procesar las emociones de la manera en que la gente normal lo hace, de forma tal que no tienen empatía. Por ende, en ellos son débiles las inhibiciones emocionales típicamente socializadas en relación a la agresión. Así, cuando a Bob Bardella se le preguntó sobre  su propósito luego del segundo asesinato, él dijo que no tenía un propósito, al menos no conscientemente. La primera vez era más que todo un asunto de no ser atrapado, así que…¿qué diferencia habría realmente si mataba de nuevo?.
Adriane Raine, de la Universidad de Southern California, ha estado interesado por mucho tiempo en los correlatos neurológicos del comportamiento psicopático. Él ha encontrado déficits cerebrales en diversas áreas que parecen contribuir a la violencia, específicamente el sistema límbico (el centro emocional) y el cortex prefrontal. Dichos déficits harían a los psicópatas menos sensibles a la estimulación aversiva y menos capaces de tomar decisiones apropiadas en torno a la agresión hacia los demás, así como también harían que éstos sean impulsivos, arrojados y buscadores de actividades que comporten sensaciones fuertemente estimulantes. Consecuentemente los asesinos predadores serían sujetos carentes de afecto y mucho más propensos a atacar a extraños que la gente normal cuya violencia es más reactiva y emocional.

Al evaluar los procesos emocionales en el verdadero psicópata, Patrick Christopher hace eco de Raine y Hare cuando afirma que el comportamiento predatorio del psicópata está relacionado con una debilidad en el sistema defensivo del cerebro. Se cree pues que, tanto en el psicópata como en la persona normal, las emociones activan uno de los dos procesos básicos del cerebro, produciendo así la aversión-evasión o el deseo-aproximación. En el caso de los psicópatas, dice Patrick que el estímulo desagradable tiene que ser, para los mecanismos de acción defensiva, lo suficientemente fuerte como para activar un bloqueo o interrupción en el comportamiento de búsqueda de la meta.  En otras palabras, en ellos no hay ideas a largo plazo sobre el aprisionamiento que podría detenerlos ni el dolor o la angustia de sus víctimas: solo y únicamente los frena la posibilidad de un castigo inmediato[2]. Ellos tienen una meta definida y usarán la fuerza y la violencia para conseguirla a menos que esto pueda lastimarlos de alguna manera como, por ejemplo, en el caso de que tuviesen, para conseguir su meta, que intentar apuñalar a alguien mucho más fuerte y con la capacidad suficiente como para vencerlos o causarles daños de suma gravedad.

Todavía más profundo resulta el que los asesinos seriales utilizan la cadena de sus asesinatos como una forma de dar sentido y propósito a sus vidas. Candice Skrapec, de la Universidad Estatal de California en Fresno, ha tratado de comprender qué es lo que conduce a los asesinos seriales y ha encontrado necesidades humanas básicas, aunque exageradas[3]. A partir de entrevistas, ella ha descubierto que los asesinos seriales masculinos de tipo predador se sienten víctimas y, en consecuencia, su ira les lleva a devolver el golpe y a hacer pagar a otros[4]. En definitiva ellos se sienten libres de sus propios códigos morales y acreditados para hacer lo que están haciendo.

Complementariamente, los asesinos seriales alimentan sus ímpetus con las oscuras fantasías que les hacen sentirse más grandes de lo que en realidad son, siendo así fantasías que parecen completarlos. De ese modo, representando y fomentando esas oscuras fantasías ellos escapan de cuestionar su autoconcepto y de enfrentar con ello su imagen de impotencia, sintiéndose así especiales por hacer algo que pocas personas podrían hacer. Así, asesinar incrementa su sensación de vitalidad, lo cual produce una euforia que es seguida por una sensación de calma o alivio de la tensión. Por otro lado, el que los medios de comunicación den atención a sus asesinatos es algo que afirma y refuerza el sentimiento de poder que existe en ellos.
 
Siguiendo con esto de la relación entre los asesinatos y la búsqueda de significado existencial, se tiene que, si bien la agresión no es difícil de sexualizar, aún así la depredación sexual no es el motivo original en los asesinos seriales. Y es que en ellos se expresa el asesinar como algo que envuelve algo más grande que la mera muerte: la necesidad de destruir por completo, necesidad ésta vinculada al limitado rango con que los asesinos evalúan la realidad, juzgando todo como blanco o negro y, a consecuencia de eso, actuando de forma tal que sus actos tienden a seguir la ley del “todo o nada”.

Por último, en los asesinos seriales el asesinato reconstituye un sentido del yo fragmentado, transformándolo en un todo integrado. Tal y como postuló Skrapec, al fin y al cabo lo que exteriormente parece un comportamiento ofensivo es, en realidad y en esencia, un comportamiento defensivo. En este marco, se tiene que los asesinos seriales experimentan el enojo como vacío (sensación de vacío existencial), por lo cual exteriorizan su agresividad para sentirse mejor e incluso para, a través de esas experiencias que viven al exteriorizar su enojo-agresividad, concebir una sensación de sentido y significado en sus vidas…

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NOTA: El artículo expuesto es el producto de la reescritura de un texto de Crime Library d


[1] Tratamiento psiquiátrico y psicológico, o médico en términos generales

[2] Esto quiere decir que el psicópata no se detiene considerando daños posibles (para él) a mediano o largo plazo, sino únicamente a actual o corto plazo.

[3] En otras palabras, necesidades humanas básicas que, sin variar en su naturaleza, se presentan amplificadas e intensificadas a nivel del protagonismo que tienen en la vida del sujeto.

[4] Es pues en este afán revanchista donde opera el llamado mecanismo de desplazamiento, aunque evidentemente, en la cadena de asesinatos donde tantos inocentes pagan, puede terminar pagando quien realmente infringió el daño real o imaginario al asesino: así, como ejemplo de esto último está Edmund Kemper, quien asesinó a su madre ya que la odiaba pues ésta lo castigaba injustamente de pequeño.
 
BIBLIOGRAFÍA

 
Vásquez Rocca, Adolfo, “Peter Sloterdijk: Antropotécnicas y Homo immunologicus; o la autoplastia como espacio auto operativo, endo-retórico y socio-inmunitario”, En ERRANCIA, La palabra Inconclusa, Nº 7 – 2013, Revista de Psicoanálisis, Universidad Nacional Autónoma de México UNAM. http://www.iztacala.unam.mx/errancia/v7/PDFS_1/ERRANCIA%207%20-LITORALES%2010.pdf
 
 
Vásquez Rocca, Adolfo, “Freud y Kafka: Criminales por sentimiento de culpabilidad: En torno a la crueldad, el sabotaje y la auto-destructividad humana”, En EIKASIA, Revista de la Sociedad Asturiana de Filosofía SAF, Nº 55 – marzo, 2014 – ISSN 1885-5679 – Oviedo, España, pp. 73 – 92. http://www.revistadefilosofia.org/55-04.pdf
 
 
Vásquez Rocca, Adolfo, “Peter Sloterdijk: Constitución Psico-inmunitaria de la naturaleza humana, Ciencia Zoológica y Ciencia Pneumática; Deriva biotecnológica e historia espiritual de la criatura”, En Academia.edu, Manuscritos Transversales, 2014, pp. 45–66; y Cuaderno de Materiales, ISSN: 1139-4382, Universidad Complutense de Madrid, Nº 26, 2014 https://dl.dropboxusercontent.com/u/62941780/Sloterdijk%20CdM25%20.pdf
 
Vásquez Rocca, Adolfo, “Freud y Kafka: Criminales por sentimiento de culpabilidad: Crueldad, Neurosis y Civilización”, En ERRANCIA, La Palabra Inconclusa– Revista de Psicoanálisis, Teoría Crítica y Cultura, Nº 3 © 2012, Universidad Nacional Autónoma de México UNAM http://www.iztacala.unam.mx/errancia/v8/PDFS_1/TEXTO%20POLIETICAS%202%20ERRANCIA%208.pdf
En Poliéticas del Cuerpo: http://www.iztacala.unam.mx/errancia/v8/polieticas_2.html
 

 

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ADOLFO VÁSQUEZ ROCCA

Eastern Mediterranean University – Academia.edu
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
Universidad Complutense de Madrid
Universidad Andrés Bello UNAB
 
 
___________________________
 

  1. julio 8, 2014 en 3:23 pm | Responder   editar
    Reblogueó esto en ADOLFO VASQUEZ ROCCAy comentado:
    Freud y Kafka: Criminales por sentimiento de culpabilidad
    MargenCero
    En torno a la crueldad, el sabotaje y la auto-destructividad humana
    Dr. Adolfo Vásquez Rocca
    Vásquez Rocca, Adolfo, “Freud y Kafka: Criminales por sentimiento de culpabilidad: En torno a la crueldad, el sabotaje y la auto-destructividad humana”, En Revista Almiar –Margen Cero– Nº 71 | noviembre-diciembre 2013, Madrid. http://www.margencero.com/almiar/vasquez-rocca-freud-y-kafka/
    Adolfo Vasquez Rocca Says:
  2. Freud y Kafka: Criminales por sentimiento de culpabilidad
    MargenCero
    En torno a la crueldad, el sabotaje y la auto-destructividad humana
     
    Dr. Adolfo Vásquez Rocca
     
    Vásquez Rocca, Adolfo, “Freud y Kafka: Criminales por sentimiento de culpabilidad: En torno a la crueldad, el sabotaje y la auto-destructividad humana”, En Revista Almiar –Margen Cero– Nº 71 | noviembre-diciembre 2013, Madrid.http://www.margencero.com/almiar/vasquez-rocca-freud-y-kafka/
     
     

LITERATURA GÓTICA:  ARTE, CULPA NEURÓTICA Y AUTOCASTIGO: ARTHUR RIMBAUD,  FREUD Y KAFKA  Dr. ADOLFO VÁSQUEZ ROCCA

 

 

 DARK ROMANTICISMO; RELACIÓN CON LA LITERATURA GÓTICA Y LOS POETAS MALDITOS

 

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Eastern Mediterranean University – Universidad Complutense de Madrid

 

 DARK ROMANTICISMO; RELACIÓN CON LA LITERATURA GÓTICA Y LOS POETAS MALDITOS

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Eastern Mediterranean University – Universidad Complutense de Madrid

                                                        “Y cosecharon los frutos maduros de su perdición

                                                                                                            Edgar Allan Poe

“La carne es triste y he leído todos los libros”
 
Stéphane Mallarmé

 

Romanticismo oscuro (“Dark Romanticism”, en inglés) es un subgénero literario estadounidense surgido en el siglo XIX a partir del movimiento filosófico denominado trascendentalismo. Las obras de este subgénero, pues, se vieron muy influidas por el trascendentalismo, aunque no comulgaban con sus ideas. El romanticismo oscuro, a grandes rasgos, se manifiesta mucho menos optimista que aquél acerca de la condición humana, la naturaleza y la divinidad. Los autores más representativos de la corriente son: Edgar Allan Poe, Nathaniel Hawthorne, Herman Melville, y también se adscriben a la misma la poetisa Emily Dickinson y el poeta italiano Ugo Foscolo.
 
 

 

 

La expresión romanticismo oscuro proviene por un lado de su condición pesimista y por otro de la influencia del primigenio movimiento romántico. Su nacimiento se produjo a mediados del siglo XIX, como se ha dicho, a partir del trascendentalismo. Éste se originó en Nueva Inglaterra a cargo de intelectuales de renombre como Ralph Waldo Emerson, Henry David Thoreau y Margaret Fuller, y cosechó gran prestigio más o menos desde 1836 hasta finales de los 1840s. El movimiento tuvo gran influencia en distintas áreas, como la literatura, a medida que los escritores iban imbuyéndose de su doctrina.4 Mientras tanto, ciertos autores, entre ellos los citados Poe, Hawthorne y Melville, encontraron las ideas trascentalistas demasiado optimistas o egoístas, y reaccionaron contra ellas a través de sus obras poéticas y prosísticas; ésta sería la tendencia que daría origen al “Dark Romanticism”.
 
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El trascendentalismo influyó a los autores del romanticismo oscuro de manera diferente, de ahí que la crítica haya señalado las distintas maneras que tuvieron estos autores de romper con esa corriente. En primer lugar, los románticos oscuros confían muy poco en la perfección como una cualidad innata del ser humano, idea clave de los trascendentalistas. Como consecuencia, sus personajes son propensos al pecado y a la auto-destrucción, ya que no poseen inherentemente ni la gracia divina ni la sabiduría. G. R. Thompson expresa este desacuerdo, afirmando que mientras que el pensamiento trascendentalista concibe un mundo en que la divinidad es inmanente «los románticos oscuros adoptan imagénes del mal antropomorfizado en forma de demonios, vampiros, fantasmas o monstruos». En segundo lugar, aunque ambos grupos sostienen que la naturaleza es una fuerza profundamente espiritual, el romanticismo oscuro la contempla bajo una luz siniestra, al contrario que el trascendentalismo, que ve en la naturaleza una especie de mediador orgánico y universal con la divinidad. Para estos románticos, al contrario, el mundo natural es sombrío, decadente y misterioso, y sus revelaciones para el hombre son de carácter maligno o infernal. Finalmente, mientras que los trascendentalistas abogan por la reforma social en su caso, sus contrarios con frecuencia proponen personajes que fracasan una y otra vez en sus intentos de mejorar sus vidas. Thompson resume de la siguiente forma las características del subgénero:
 
La incapacidad del hombre caído por comprender plenamente los inquietantes guiños de un reino sobrenatural que aún parecía no haber llegado; la constante perplejidad ante los fenómenos metafísicos e inexplicables; la propensión a una conducta perversa o inmoral, sin regla ni medida, y un sentido de culpa sin nombre combinado con la sospecha de que el mundo externo no es más que una ilusión de la mente: tales son los elementos principales que opusieron los románticos oscuros a la corriente principal del romanticismo.
 

 
La novela gótica, muy popular en Inglaterra a fines del siglo XVIII y principios del XIX, es conocida por su incorporación de elementos comunes con el romanticismo oscuro. Nació con la obra de Horace Walpole El castillo de Otranto en 1764. Las obras góticas aspiran comúnmente a inspirar terror, a través de la incorporación de elementos macabros y sobrenaturales, casas encantadas, etc. Los críticos suelen referirse a «puestas en escena muy melodramáticos y tramas totalmente predecibles». En general, son elementos comunes la oscuridad y lo sobrenatural, y los personajes perturbados o vampiros, pero la novela gótica tiende más al terror, mientras que el romanticismo oscuro se fija preferentemente en el misterio sombrío y el escepticismo sobre la condición humana. Sin embargo, la novela gótica influyó poderosamente en autores como Poe.
Autores del romanticismo temprano inglés como Lord Byron, S. T. Coleridge, Mary Shelley, John Shek y John William Polidori se han asociado frecuentemente a ambas corrientes. Sus relatos y poemas reflejan a menudo casos de inadaptación social, grandes tormentos anímicos y la incertidumbre sobre si la naturaleza humana salvará o destruirá a los protagonistas.
Tradicionalmente se considera a los ya mencionados Edgar Allan Poe, Nathaniel Hawthorne y Herman Melville como los autores centrales del romanticismo oscuro.
 
 

 

Poetas y Escritores Malditos

 
 
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¿Qué son los poetas malditos?¿Dónde se origina esta denominación? Expresión creada por Verlaine [como una suerte de homenaje al poeta Arthur Rimbaud], la noción ya es toda una institución en el ámbito poético y hace referencia una actitud de incomprensión social frente al artista. Originada en tiempos románticos, invito a preguntarnos si este concepto no es más bien una mistificación autodestructiva que debe ser superada por una visión vigorosa, saludable y lúcida.
El uso de la expresión “poetas malditos”, ante la influencia de la obra de Verlaine, se extendió a todos los dominios nacionales y pasó a designar así a todo aquel escritor talentoso, poco importase su nacionalidad, que presentase un dejo de incomprensión social y una cierta tendencia provocativa (léase autodestructiva por el consumo de drogas o alcohol) y cuyos textos, dado su alto nivel de codificación poética, fuesen de oscuros significados.
La obra que más mentes esquinadas concentró por primera vez fue Los poetas malditos, del poeta francés Paul Verlaine, publicado por primera vez en 1884. En él participaron autores como Rimbaud (Una temporada en el infierno,1873), Mallarmé o Pauvre Lelian (anagrama del propio Verlaine). Este concepto de “maldito” lo inició precisamente Verlaine con esta obra, pero a su vez había sido inspirado un poema de Baudelaire llamado Bendición, que se encuentra al principio de Las flores del mal.
 
Son escritores que han sido considerado malditos: Arthur Rimbaud (al que también se le considera representante del movimiento simbolista), Stéphane Mallarmé (también colocado entre la vanguardia francesa), Marceline Desbordes Malbore una poetisa un tanto “gótica” demasiado triste y demasiado deprimida que quizá por ello mereció la distinción de Verlaine de incluirla como única mujer entre los poetas malditos. Tristán Corbiere, desconocido hasta que Verlaine lo incluyó en sus poeta, un simbolista que sería reconocido pronto gracias al grupo en donde fue incluido. Auguste Villiers de L’Isle-Adam, un poeta que encontraba especial gusto en lo macabro y que se convirtió en un talento del teatro y la narración simbolista. Y el mismo Verlaine.

 
 

 
 
 

Oscar Wilde, en Inglaterra, aparece como representante de la misma corriente, entre otras obras suyas, con El retrato de Dorian Gray (1891). Su protagonista, un joven al que apasiona la apariencia y está enamorado de su propia belleza excepcional, trata de conservar la juventud para siempre. Su destino, sin embargo, será trágico. También en Inglaterra, Walter Pater publicó en 1887, Retratos imaginarios, que suele situarse a la cabeza de esta corriente literaria. En la obra resultan fundamentales los elementos estetizantes, que se concretan en un ideal de culto a la belleza absoluta y una atmósfera de libertad material y espiritual en polémica contraposición con la vulgaridad del mundo burgués.
 
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Mary Shelley, la autora de Frankenstein, sufría frecuentes ataques de melancolía, alucinaciones y sueños letárgicos. Lord Byron podía cambiar de humor en pocos minutos, como buen ciclotímico que era, y también era aficionado a aullar sin motivo. Charles Baudelaire, autor de Las flores del mal, un compendio de poesía que bascula entre lo venéreo y lo necrofílico, sufrió frecuentes crisis nerviosas, neuralgias y vértigos que le dejaban postrado en la cama.

Virginia Woolf, Allen Ginsberg y Sylvia Plath también fueron desequilibrados mentales, y algunos de ellos suicidaron, como se suicidó David Foster Wallace, uno de los mejores escritores norteamericanos contemporáneos (a pesar de que solo tiene una novela publicada, La broma infinita).


 

Hacia el final de la Primera Guerra Mundial muchos escritores y artistas empezaron a creer que la civilización había fracasado, que la fría razón sólo había servido para amordazar el instinto, que finalmente se había desencadenado con toda su furia, como una bestia que sólo puede vivir en libertad. En un club artístico de vanguardia llamado Cabaret Voltaire, nació entonces una lucha contra la razón, la lógica, la disciplina y el refinamiento burgués. ¿Cuál era la mejor forma de combatir todos esos defectos que perturbaban la verdadera naturaleza del ser humano, el ser animal? Pues aplaudiendo el instinto, el caos, la provocación, la desobediencia y la irracionalidad.
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Emile Cioran Por Adolfo Vasquez Rocca | Universidad Complutense de Madrid

 
En Cabaret Voltaire, los artistas se reunían para leer poesía y hablar de tonterías, para gritar, para aullar como lo hizo Byron, para bailar sin ritmo, al azar, generando una completa y absoluta cacofonía. Hasta que un día, el organizador del Cabaret Voltaire, Hugo Ball, anunció que iba a publicar una pequeña revista titulada Dadá. Uno de los que frecuentaban el club, un poeta llamado Tristan Tzara, quedó tan enamorado de la palabra que empezó a escribir poesía sin sentido en su nombre. Había nacido el dadaísmo. El antiarte. La guerra contra el formalismo. El canto al absurdo.

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Finalmente, el lugar más icónico que vio el nacimiento de muchos autores suburbiales y rarunos fue la librería del editor Lawrence Ferlinghetti: City Lights Bookstore. Abierta en 1953 en San Francisco, es de visita obligatoria si estáis mínimamente interesados por la Generación Beat y el movimiento contracultural: allí se editó Aullido y otros poemas, de Allen Ginsberg, y hoy en día sigue editando a los autores más underground.

 
 
 
II.- Los célebres escritores malditos 
 

John Kennedy Toole se suicidó a los 32 años porque no había podido publicar su novela La conjura de los necios, que póstumamente resultó ser una de las grandes obras maestras de la literatura norteamericana. J.D. Salinger alcanzó un éxito mundial con El guardián entre el centeno, y se retiró a vivir al campo en absoluta soledad diciendo que todo lo que quería en la vida era escribir para sí mismo. Son ejemplos de las inusuales vidas que se esconden detrás de algunas de las grandes obras literarias del siglo XX. A veces pasa que, detrás de una buena historia de ficción, hay otra real que es aún mejor.
John Kennedy Toole
En 1976 el prestigioso filósofo y escritor Walker Percy estaba siendo prácticamente acosado por una mujer mayor y enlutada, que cada vez que podía encontrarle agitaba delante de su cara un montón de hojas manuscritas.
 
 
La mujer era Thelma Ducoing, cuyo hijo de 32 años había introducido una manguera en el tubo de escape de su coche, la había colocado en la rendija que dejaba la ventana del conductor y había encendido el motor tras escribir una nota de suicidio. Percy, hastiado, le exigió a la mujer que le diese una razón por la que él debía leer la novela de su hijo muerto. Ella le contestó: “porque es una gran novela”.

Y lo era. El señor Percy, como más tarde miles de lectores de todo el mundo, cayeron hechizados por la historia irónica, desternillante y a la vez repugnante de Ignatius J. Reilly, un esperpento literario totalmente original e incómodo, una mezcla sublime entre Don Quijote, Max Estrella y Tomás de Aquino.

Toole escribió una novela que destila una magia extraña, en la que la risa se combina con una sensación de tristeza y abandono que, de algún modo, consigue que el lector empatice con semejante personaje.

Las razones por las que Toole decidió acabar con su vida podrían residir en una fatídica identificación de la asfixiante vida de Ignatius con la suya propia. El escritor…

El escritor era el hijo único de una pareja mayor ya resignada a no tener descendencia y cuando John nació, su madre Thelma se implicó tanto en la educación de su retoño que acabaría reprimiéndole con su comportamiento sobreprotector.

Adolfo Vásquez Rocca Filosofía Contemporánea 

 

 

Tras licenciarse en Literatura Inglesa, Toole escribió el primer borrador de La conjura de los necios mientras cumplía servicio militar. Pero cuando regresó a su Nueva Orleans natal, su actitud había dado un giro radical: se había aficionado demasiado al alcohol y vestía de forma excéntrica, casi calcando al protagonista de su obra. Algunos biógrafos atribuyen su caída a la frustración de no encontrar dónde publicar la novela, aunque otros apuntan a una probable homosexualidad ahogada por el trato de su madre.

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En enero de 1969, tras una fuerte discusión con Thelma, él se montó en el coche y viajó solo, cruzando el país durante meses. Cuando se encaminaba de nuevo hacia Nueva Orleans, encontraron su coche y su cadáver cerca de Mississippi. Junto a él estaba la nota de suicidio, que su madre destruyó y cuyo contenido no se llegó a aclarar.

Probablemente azotada por el remordimiento, Thelma dedicó el resto de su vida a realizar el sueño frustrado de su hijo.

La historia podría acabar ahí, pero no está de más destacar que desde que se publicó el libro, varios productores han intentado llevar la historia a la gran pantalla. Pero la mala suerte de Toole parece haberse contagiado a su legado, porque todos los intentos de crear una película se han visto interrumpidos: John Belushi, el primer actor que iba a encarnar a Ignatius, murió de sobredosis un día antes de la reunión con el resto del equipo.
Los otros actores que se consideraron para el proyecto (John Candy y Chris Farley) también murieron antes de que  se pusiera en marcha. Y cuando Will Ferrell estaba decidido a ser Ignatius en el cine, y el equipo iba a empezar a rodar en Nueva Orleans (donde se ambienta la novela), llegó el huracán Katrina y lo arrasó todo.

 

 

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J.D. Salinger

Este escritor se codeaba con Hemingwey antes de que su rotundo éxito, El guardián entre el centeno, saliera a la luz en 1951 y se convirtiera en best seller ese mismo año. Su indudable maestría le ha asegurado un sitio en los planes de estudios de millones de adolescentes que se sienten profundamente identificados con Holden Cauldfield, el protagonista de la novela.
Salinger, ante la avalancha de lectores, dinero y, sobre todo, medios de comunicación, decidió hacer realidad uno de los pasajes de su libro, en el que Holden dice: “me gustaría encontrar una cabaña en algún sitio y con el dinero que gane instalarme allí el resto de mi vida, lejos de cualquier conversación estúpida con la gente”.

Salinger agrediendo a un fotógrafo en los 80. Fuente: El País

También a los 32 años decidió abandonar su vida en Nueva York, pero no tan radicalmente como Toole: se compró una casa en medio del campo, en Cornish, al noreste de Estados Unidos, y desde allí siguió escribiendo relatos que son verdaderos ejemplos de literatura de calidad. Sin embargo hizo de su casa una especie de acorazado que no quiso dejar, y fuera del cual no se le vio nunca, hasta su muerte el año pasado, a los 91 años.
No se pronunció sobre la leyenda negra que adquirió El guardián entre el centeno después de que Mark David Chapman asesinase a John Lennon en 1980 y dijese que el ataque de locura que le había llevado a hacerlo había sido provocado por el libro. La única foto que se conoce, además de las de su anuario y las del servicio militar, es una en la que aparece golpeando al fotógrafo que se había metido en su propiedad. La única entrevista que concedió fue por teléfono al New York Times, y lo hizo, básicamente, para que le dejaran tranquilo.

“Hay una paz maravillosa en no publicar. Es pacífico. Tranquilo. Publicar es una terrible invasión de mi vida privada. Me gusta escribir. Amo escribrir. Pero escribo sólo para mí mismo y para mi propio placer. La gente cree que soy una persona extraña y distante,pero todo lo que hago es intentar proteger mi trabajo.”

 

Thomas Pynchon

Salinger no es el único ermitaño de la literatura norteamericana. Pynchon ha escrito complejas y originales obras que han cautivado a la crítica, y también vive en el más absoluto secretismo. Lo único que se sabe de él es que fue alumno de Vladimir Nabokov, que sirvió en la marina y que está casado con una agente literaria de Nueva York. Y que escribe grandes obras difíciles de clasificar, como V, La subasta del lote 49 o El arcoiris de gravedad.
Su afán de anonimato se vio roto en 1997, cuando  un periodista de la CNN le encontró por la calle y le fotografió. Pynchon accedió a una entrevista en la televisión (con el rostro difuminado) a cambio de que no se publicasen esas imágenes.
Actualmente sigue escribiendo desde su escondite, haciendo guiños simpáticos como prestar su voz en la serie Los Simpson para doblar a su propio dibujo animado (que, por supuesto, apareció con el rostro cubierto con una bolsa).

Es curioso que todos estos casos se hayan dado en la literatura contemporánea norteamericana, en la que estos escritores u otros como Chuck Palahniuk (que se cree que pertenece a la Cacophony Society, una organización que busca el absurdo y luchar contra la cultura imperante, inspiración de su famoso Club de lucha) parecen personajes sacados de sus propios libros.

 
 
 
 
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Parafraseando al escritor Tomás Blanco, en esta corriente literaria el único que tenía una vida normal era Vladimir Nabokov, y luego escribía sobre mantener sexo con niñas de doce años.

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ARTE DE VANGUARDIA Y ARTE CONCEPTUAL

Wolf Vostell

El artista Wolf Vostell (1932-1998) fue una de las figuras centrales del movimiento que sería conocido como Fluxus, denominación común de una serie de actividades de distintos artistas y grupos que en los años 60 se expresaron por medio de acciones y eventos realizados en distintos entornos.

    Nacido en Leverkusen, Alemania, Vostell estuvo en Checoslovaquia durante la SegundaGuerraMundial, y luego se radicó en Colonia. Comenzó a estudiar arte (pintura, fotografía y tipografía experimental) en la Escuelade Artes y Oficios de Wuppertal a comienzos de los 50, época en la que realizó su primer happening, y una serie de lo que denominó de-collages, obras en las que integraba trozos de afiches que desprendía con navaja de las paredes. Después de estudiar en París, en 1958 viajó a España con su amigo y colega Karl Ott. Llegaron a Guadalupe (cerca de Cáceres, capital de la región de Extremadura) para estudiar varias telas de Zurbarán que forman parte del acervo del Monasterio de Guadalupe. Allí conoció a la maestra Mercedes Guardado, inicio de una relación que duraría hasta la muerte de Vostell, en 1998. 

Autorretrato, 1980

Wolf Vostell

   
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Como parte del proceso de superación de la pérdida de su compañero durante cuatro décadas, Guardado escribió Mi vida con Vostell. Un artista de vanguardia. El libro esta basado en recuerdos y material del archivo personal del artista, y es una detallada compilación de la intensa actividad artística desarrollada por Vostell durante una larga carrera.

Guardado cuenta en el prólogo que cuando comenzó a escribir se propuso hacerlo sin anhelos literarios, quería que su texto fuera lo contrario de una obra literaria. Luego de comenzar, la autora entendió que no podía separar la recopilación de su vida privada de la artística, por lo que decidió adoptar la premisa “Arte – Vida – Arte” tomada por Vostell en 1961. En el libro se suceden las descripciones dehappenings, conciertos fluxus, videos y otras acciones, los que no son interpretados, ya que Guardado considera que eso lo podrían hacer mejor los historiadores de arte, sirviéndose del libro como guía.

    Teniendo en cuenta que Vostell fue un artista muy productivo, y que su carrera cubrió casi toda la segunda mitad del siglo XX, la autora, que considera que ha “dejado poco sin contar”, no podía haber escrito menos que las seiscientas páginas de las que consta la biografía. Detallados relatos de la vida familiar, así como de los reiterados viajes a España, cuatro o cinco por año, se intercalan con recuentos cronológicos de las innumerables actividades desarrolladas por Vostell y otros artistas con los que colaboró.

COLONIA EN LOS 60. Guardado y Vostell se casaron en Cáceres a comienzos de 1959. Poco después se radicaron en Alemania, en Colonia, donde Vostell se dedicaría de lleno a la actividad artística. Se inició como pintor, y aunque durante su estadía en París comenzó a realizar los de-collages, continuó pintando paralelamente a la realización de conciertos, videos, instalaciones y  happenings.

    Una de sus primeras series de pinturas se llamó “Transmigración”, en la que cortaba los lienzos para incorporar aparatos de televisión a las obras. La construcción en 1961 del muro que dividió Berlín impactó a Vostell, que usaría el hecho como motivo de muchas de sus obras. Simultáneamente realizó varios happenings y participó en actividades colectivas en Colonia, Dusseldorf, París, Copenhague y Ámsterdam.  

    En 1962 conoció al artista fluxus George Maciunas, que en Alemania contactó a Vostell y Nam June Paik, con lo que se fue conformando el movimiento internacional Fluxus. En 1963 Vostell viajó a Nueva York, donde conoció a Allan Kaprow, Yoko Ono yLa MonteYoung.

  En esa época Vostell realizó su primera película,El sol en tu cabeza (1963), de siete minutos de duración, en la que filmó imágenes de un programa de televisión que luego distorsionó. Le interesaba estar al tanto de los adelantos tecnológicos, y adquiría nuevas cámaras fotográficas y televisores, más por los aparatos en sí que por el uso que les daba, y en muchos casos los incluyó en sus esculturas.  

    Las actividades de Vostell se multiplicaron a ritmo vertiginoso durante el segundo lustro de la década de 1960. En esa época realizó, entre otras, la serie de pintura “Fenómenos”, y comenzó a realizar fotomontajes. Otra amistad importante para Vostell fue la que inició con Joseph Beuys, que también practicaba un arte participativo y de contenido social.

BERLÍN Y MALPARTIDA. Luego de realizar algunas actividades en Berlín, Vostell comenzó a visitar la ciudad con frecuencia, y finalmente decidió radicarse allí con su familia en 1970. Un año antes había incorporado el hormigón como nuevo material en su trabajo. También comenzó a utilizar carrocerías de autos en instalaciones de gran formato. En 1972 creó Desastres, un vagón de tren atrapado en un bloque de hormigón, y unos años más tarde combinó éste material con autos en obras como Dos Cadillacs en hormigón en forma de la maja desnuda de Goya (1987) y Volskwagen para zen (1988).

    Gracias al reconocimiento como un importante artista Fluxus, la vida en Berlín implicó un mejor pasar para Vostell, ya que tuvo posibilidades de tener secretaria y asistentes. Las actividades artísticas en Italia y España implicaron una serie de viajes con la familia, y en 1976 Guardado y Vostell decidieron comprar una casa en la localidad extremeña de Ceclavín, pueblo natal de Guardado. Cuando llegaron a Malpartida, a doce kilómetros de Cáceres, el paisaje rocoso del paraje Los Barruecos impresionó a Vostell de tal modo que lo declaró “obra de arte de la naturaleza”, y decidió crear allí un lugar donde combinar las formaciones naturales con obras de arte. El Museo Vostell Malpartida fue inaugurado con la obra de Vostell V.O.A.EX. Viaje de (h)hormigón por la Alta Extremadura, que consistió en el propio Opel Kadett del artista ubicado entre las rocas y cubierto de hormigón.

    Vostell también se dedicó a la gráfica, y trabajó con intervenciones, entre otrasAutorretrato (1980), una fotografía de sí mismo en la que escribió sobre la frente “Yo declaro la paz como la mayor obra de arte.”

CAE EL MURO. Durante los años 80, las actividades, tanto exposiciones como conciertos y acciones, se sucedieron en gran número, y Vostell y Guardado, que siempre lo acompañaba, prácticamente no paraban de viajar.

    La última década de la vida de Vostell trascurrió luego de la reunificación de Alemania en 1989, que implicó la caída del Muro que había dividido Berlín durante tres décadas. La destrucción del Muro, como lo había sido su construcción, fue un motivo recurrente en la obra de Vostell de esos años, por ejemplo La caída del muro de Berlín el 9-11-1989, un collage que luego reprodujo en offset.

    Dos años después del fallecimiento de Vostell en 1998, Guardado se radicó en España, y se dedicó a continuar las actividades del Museo en Malpartida, así como a administrar la herencia artística de su compañero de vida, ayudada por los hijos de ambos Rafael y David. Prueba de su dedicación es este detallado recuento de las actividades de un artista que fue testigo y protagonista de una corriente que contribuyó a cambiar radicalmente la concepción del arte durante las últimas décadas del siglo XX. 

MI VIDA CON VOSTELL. UN ARTISTA DE VANGUARDIA, de Mercedes Guardado.La Fábrica Editorial, 2011. Madrid, 606 págs. Distribuye Océano.
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EN TORNO A LA BELLEZA FÍSICA Y EL EFÍMERO ENCANTO DE LOS ESCRITORES MALDITOS Por ADOLFO VÁSQUEZ ROCCA PHD.



Poetas Malditos.

 
– ¿Qué son los poetas malditos? ¿Dónde se origina esta denominación? Expresión creada por Verlaine [como una suerte de homenaje al poeta Arthur Rimbaud], la noción ya es toda una institución en el ámbito poético y hace referencia una actitud de incomprensión social frente al artista. Originada en tiempos románticos, invito a preguntarnos si este concepto no es más bien una mistificación autodestructiva que debe ser superada por una visión vigorosa, saludable y lúcida.
– El uso de la expresión “poetas malditos”, ante la influencia de la obra de Verlaine, se extendió a todos los dominios nacionales y pasó a designar así a todo aquel escritor talentoso, poco importase su nacionalidad, que presentase un dejo de incomprensión social y una cierta tendencia provocante (léase autodestructiva por el consumo de drogas o alcohol) y cuyos textos, dado su alto nivel de codificación poética, fuesen de oscuros significados.
Dr. Adolfo Vasquez Rocca
<http://www.arealibros.es/literatura/poetas-malditos.html>
 
 
SOBRE PATRICIA HIGHSMITH Por Adolfo Vásquez Roccahttps://i1.wp.com/farm3.static.flickr.com/2343/2272225220_9566cc9d8c_o.jpg



– Lo de que la belleza física es algo relativo está por ver. Realmente creo que esa teoría forma parte de esa idea tan americana de que nadie tiene por qué aceptar la más mínima frustración. De la misma forma que la enseñanza consiguió borrar del mapa el fracaso escolar -a cada estudiante hay que exigirle según sus posibilidades-, se inventó el ballet en silla de ruedas o los concursos de misses para mujeres gordas. La clave de la modernidad es que a nadie se le puede decir: tú para esto no sirves. Por supuesto se considera progresista el suponer la belleza como algo arbitrario, algo que depende del color del cristal con que se mira, cuando la realidad es que no ha cambiado tanto el canon desde que el arte representó de forma realista el rostro humano. En cuanto a la gordura, de la que la pintura ha dejado tan espléndidas muestras, ha sido la consecuencia más de la mala alimentación que de la estética. Hay científicos que afirman que un bebé siempre se sentirá más atraído por una cara agradable. Todo eso al margen de que hay feos atractivos, feos irresistibles; lo cual no quita para que por mucho que adecuemos el lenguaje a la corrección política siempre habrá guapos y feos. Además de la herencia genética, también nuestros rostros están expuestos a la vida que nos toca. Los lectores de Patricia Highsmith se quedarían asombrados si vieran sus fotos de juventud**. A Highsmith la recordamos por esas fotos de anciana de facciones durísimas, hinchadas probablemente por el alcohol. Sin embargo, en la biografía que sobre ella ha escrito Andrew Wilson, vemos algunas imágenes de los años cuarenta en las que aparece Patricia desnuda. Su imagen, tan dulce, tan bella, podría ser la de una actriz de hoy. Una compañera de universidad de la novelista decía: “Cuando la vi en sus últimas fotos no podía creer en lo que se había convertido…”. Leyendo la biografía de Highsmith deduje que esa asombrosa transformación de su cara era consecuencia del alcohol y de esa personalidad atormentada que los lectores con propensión a la mitomanía atribuyen al genio, y que la propia Patricia achacaba a los complejos y la consideración de bicho raro que tenía sobre sí misma. A ella, que acabó siendo una mujer fea, le siguieron gustando hasta su muerte las mujeres hermosas./
* [La transformación de su cara fue consecuencia del alcohol y de su personalidad atormentada, “maldita”.]

 
Adolfo Vásquez Rocca PHD.
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Adolfo Vásquez Rocca Filosofía Contemporánea 

 
Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Eastern Mediterranean University – Academia.edu

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REFERENCIAS:

 
 

Adolfo Vásquez Rocca Filosofía, Arte y Literatura Contemporánea 

 

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Adolfo Vásquez Rocca – Doctor en Filosofía

Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, mención Filosofía Contemporánea y Estética. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Profesor de Antropología y Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la Universidad Andrés Bello UNAB. Profesor de la Escuela de Periodismo, Profesor Adjunto Escuela de Psicología y de la Facultad de Arquitectura UNAB Santiago. Profesor PEL Programa Especial de Licenciatura en Diseño, UNAB – DUOC UC  – En octubre de 2006 y 2007 es invitado por la ‘Fundación Hombre y Mundo’ y la UNAM a dictar un Ciclo de Conferencias en México.  –Miembro del Consejo Editorial Internacional de la ‘Fundación Ética Mundial‘ de México. Director del Consejo Consultivo Internacional de ‘Konvergencias‘, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo, Argentina.  Miembro del Consejo Editorial Internacional de Revista Praxis –Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional UNA, Costa Rica. Miembro del Conselho Editorial da Humanidades em Revista, Universidade Regional do Noroeste do Estado do Rio Grande do Sul, Brasil y del Cuerpo Editorial de Sophia –Revista de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador–.  –Secretario Ejecutivo de Revista Philosophica  PUCV. –Asesor Consultivo de Enfocarte –Revista de Arte y Literatura– Cataluña / Gijón, Asturias, España. –Miembro del Consejo Editorial Internacional de ‘Reflexiones Marginales‘ –Revista de la Facultad de Filosofía y Letras UNAM. –Editor Asociado de Societarts, Revista de artes y humanidades, adscrita a la Universidad Autónoma de Baja California. –Miembro del Comité Editorial de International Journal of Safety and Security in Tourism and Hospitality, publicación científica de la Universidad de Palermo. –Miembro Titular del Consejo Editorial Internacional de Errancia,  Revista de Psicoanálisis, Teoría Crítica y Cultura –UNAM– Universidad Nacional Autónoma de México.  –Miembro de la Federación Internacional de Archivos Fílmicos (FIAF) con sede en Bruselas, Bélgica.  Director de Revista Observaciones Filosóficas. Profesor visitante en la Maestría en Filosofía de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. – Profesor visitante Florida Christian University USA y Profesor Asociado al Grupo TheoriaProyecto europeo de Investigaciones de Postgrado –UCM.  Eastern Mediterranean University – Academia.edu. Académico Investigador de la Vicerrectoría de Investigación y Postgrado, Universidad Andrés Bello. –Investigador Asociado y Profesor adjunto de la Escuela Matríztica de Santiago –dirigida por el Dr. Humberto Maturana. Consultor Experto del Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad (CNIC)– Artista conceptual. Crítico de Arte. Ha publicado el Libro: Peter Sloterdijk; Esferas, helada cósmica y políticas de climatización, Colección Novatores, Nº 28, Editorial  de la Institución Alfons el Magnànim (IAM), Valencia, España,  2008.  Invitado especial a la International Conference de la Trienal de Arquitectura de Lisboa | Lisbon Architecture Triennale 2011. Traducido al Francés – Publicado en la sección  Architecture de la Anthologie: Le Néant Dans la Pensée Contemporaine . Publications du Centre Français d’Iconologie Comparée CFIC, Bès Editions , París, ©  2012

Publicaciones Internacionales Catalogadas en DIALNET Directorio de Publicaciones Científicas Hispanoamericanas

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DARK ROMANTICISMO; RELACIÓN CON LA LITERATURA GÓTICA Y LOS POETAS MALDITOS Dr Adolfo Vásquez Rocca

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Adolfo Vásquez Rocca – Doctor en Filosofía

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PETER SLOTERDIJK: ESFERAS, BIOPOLÍTICA Y NORMAS PARA EL PARQUE HUMANO POR ADOLFO VÁSQUEZ ROCCA PHD.

ADOLFO VÁSQUEZ ROCCA – DOCTOR EN FILOSOFÍA UCM

Director de Revista Observaciones Filosóficas
 

Vásquez Rocca, Adolfo, “Nietzsche y Freud, negociación, culpa y crueldad: las pulsiones y sus destinos, eros y thanatos (agresividad y destructividad)”, En EIKASIA Nº 57, 2014, Revista de Filosofía, Oviedo, SAF – Sociedad Asturiana de Filosofía – http://revistadefilosofia.com/57-06.pdf

Vásquez Rocca, Adolfo, “Sloterdijk: el retorno de la religión, la lucha de los monoteísmos históricos y el asedio a jerusalén; Psicopolítica de los bancos de ira, apocalipsis y relatos escatológicos; del fundamentalismo islámico a los espectros de Marx“. En Revista Almiar – III Época Nº 75 – 2014, ISSN: 1696-4807, MARGEN CERO, Madrid. http://www.margencero.com/almiar/sloterdijk-retorno-religion-monoteismos-historicos/
PDF: http://www.margencero.com/articulos/sloterdijk.pdf
Vásquez Rocca, Adolfo, “Freud y Kafka: Criminales por sentimiento de culpabilidad: En torno a la crueldad, el sabotaje y la auto-destructividad humana”, En EIKASIA, Revista de la Sociedad Asturiana de Filosofía SAF, Nº 55 – marzo, 2014 – ISSN 1885-5679 – Oviedo, España, pp. 73 – 92. http://www.revistadefilosofia.org/55-04.pdf

Vásquez Rocca, Adolfo, “Freud y Kafka: Criminales por sentimiento de culpabilidad; Crueldad, neurosis y civilización“,
En ERRANCIA, La palabra Inconclusa, Nº 8 – 2014, Revista de Psicoanálisis, Universidad Nacional Autónoma de México UNAM. http://www.iztacala.unam.mx/errancia/v8/polieticas_2.html
PDF: http://www.iztacala.unam.mx/errancia/v8/PDFS_1/TEXTO%20POLIETICAS%202%20ERRANCIA%208.pdf

 

 

Vásquez Rocca, Adolfo, “Lo que Alicia vio al otro lado del Espejo; Modelos para armar mundos. paradojas y lógica paraconsistente“, Almiar, MARGEN CERO, Madrid, Revista bimestral – III Época, Nº 74 – 2014 – ISSN: 1696-4807. http://www.margencero.com/almiar/alicia-otro-lado-del-espejo/

Vásquez Rocca, Adolfo, “Peter Sloterdijk: Constitución Psico-inmunitaria de la naturaleza humana, Ciencia Zoológica y Ciencia Pneumática; Deriva biotecnológica e historia espiritual de la criatura”, En Academia.edu, Manuscritos Transversales, 2014, pp. 45–66; y Cuaderno de Materiales, ISSN: 1139-4382, Universidad Complutense de Madrid, Nº 26, 2014. https://dl.dropboxusercontent.com/u/62941780/Sloterdijk%20CdM25%20.pdf

 
Vásquez Rocca, Adolfo,  “Arte Conceptual y Posconceptual. La idea como arte: Duchamp, Beuys, Cage y Fluxus“, En NÓMADAS, Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas – UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID, Nómadas Nº 37  |  Enero-Junio 2013 (I), pp. 100 – 130 http://pendientedemigracion.ucm.es/info/nomadas/37/adolfovrocca.pdf

Vásquez Rocca, Adolfo, “Peter Sloterdijk: El animal acrobático, prácticas antropotécnicas y diseño de lo humano”,  En NÓMADAS, Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas – UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID, NÓMADAS. Nº 39 | Julio-Diciembre, 2013 (I)  pp. 100-125 http://pendientedemigracion.ucm.es/info/nomadas/39/adolfovrocca_es.pdf

Vásquez Rocca, Adolfo, ” Foucault; ‘Los Anormales’, una Genealogía de lo Monstruoso; Apuntes para una Historiografía de la Locura.”,  En NÓMADAS, Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas – UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID, —NÓMADAS. Nº 34 – 2012 (2), pp. 403 – 420
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– Vásquez Rocca, Adolfo, “Peter Sloterdijk: Experimentos con uno mismo, ensayos de intoxicación voluntaria y constitución psico-inmunitaria de la naturaleza humana“, En EIKASIA, Revista de la Sociedad Asturiana de Filosofía SAF, Nº 49 – Mayo  2013 –  ISSN 1885-5679 – Oviedo,  España, pp. 47-76
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Vásquez Rocca, Adolfo, “Sloterdijk: Experimentos con uno mismo, ensayos de intoxicación voluntaria y constitución psico-inmunitaria de la naturaleza humana“, En NÓMADAS, Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas – UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID, Nómadas Nº 35 | Julio-Diciembre.2012 – 2013 (I), pp. 459 – 490
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Vásquez Rocca, Adolfo, “En torno al diseño de lo humano en Sloterdijk: De la ontotecnología a las fuentes filosóficas del posthumanismo”, En La lámpara de Diógenes,  Revista de Filosofía, BUAP, Año 13, Números 24 y 25, Vol. 13 – enero-junio –  julio-diciembre 2012-2013, pp. 127 – 140
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Vásquez Rocca, Adolfo, Resumen-Abstract: “Peter Sloterdijk: Experimentos con uno mismo, ensayos de intoxicación voluntaria y constitución psico-inmunitaria de la naturaleza humana”, En EIKASIA, Revista de la Sociedad Asturiana de Filosofía SAF, Nº 49 – Mayo  2013 –  ISSN 1885-5679 – Oviedo,  España, Abstract
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Vásquez Rocca, Adolfo, “Peter Sloterdijk: Experimentos con uno mismo, ensayos de intoxicación voluntaria y constitución psico-inmunitaria de la naturaleza humana“, En EIKASIA, Revista de la Sociedad Asturiana de Filosofía SAF, Nº 49 – Mayo  2013 –  ISSN 1885-5679 – Oviedo,  España, pp. 47-76
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Vásquez Rocca, Adolfo, “Sloterdijk: Neuroglobalización, estresores y prácticas psico-inmunológicas“, En NÓMADAS, Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas – UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID, Nómadas Nº 35 | Julio-Diciembre.2012 – 2013 (I), pp. 427 – 457
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DR. ADOLFO VÁSQUEZ ROCCA: PUBLICACIONES  EN  REVISTAS  ACADÉMICAS  INDEXADAS  CON COMITÉ  EDITORIAL
ADOLFO VÁSQUEZ ROCCA PH.D. – CURRICULUM ACADÉMICO ABREVIADO
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Adolfo Vasquez Rocca Doctor en Filosofía

 

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Vásquez Rocca, Adolfo, “Ontología del Cuerpo y estética de la enfermedad en Jean-Luc Nancy: De la téchne de los cuerpos a la apostasía de los órganos“, En NÓMADAS, Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas – UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID, Nº 34 – 2012 (2), pp. 421-445

Vásquez Rocca, Adolfo, “Peter Sloterdijk: Experimentos con uno mismo; Ensayos de intoxicación voluntaria e inmunología especulativa”, En Revista Observaciones Filosóficas ISSN 0718-3712  –ROF– 2012, y Directorio DOAJ – Directory of Open Access Journals –  Lund University, Suecia.
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Adolfo Vasquez Rocca Doctor en Filosofía

 

Adolfo Vasquez Rocca Doctor en Filosofía | Universidad Complutense

Bibliografía

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    [1] Doesburg, Th. van, “Wat is Dada???”, en White, M., (Ed.) What is Dada??? And other dada writings, Londres, Atlas Press, 2006, p. 33. Texto completo en neerlandés disponible en Biblioteca Digital Dadá de la Universidad de Iowa (Consultado: 27.05.11)
    [2] Íbidem, p. 34.
    [3] Que empezaría a publicar su novela “suprahumanista” y “abstracta” La otra cara en De Stijl en 1920 donde describía esta concepción positiva del dadaísmo: “Cuando tras el sin sentido se esconde un sentido más profundo que el de la norma, el sin sentido no sólo es lícito sino necesario. De esta manera el Dadaísmo creará nuevas normas que estarán más allá de los sentidos”. Véase Bonset, I.K. “Het andere gezicht”, De Stijl, III, 10, 1920, p. 84.
    [4] Crego Castaño, C., “De Stijl y la vanguardia europea” en El espejo del orden. El arte y la estética del grupo holandés “De Stijl”, Madrid, Akal, pp. 90-91.
    [5] White, M., (Ed.) “Introduction: The Dada Tour of Holland” en What is Dada??? And other dada writings, Londres, Atlas Press, 2006, p. 9.
    [6] Dachy, M., “Life is an extraordinary invention: Doesburg the dadaist”, en Van Doesburg & the International Avant-garde. Constructing a New World, Londres, Tate Publishing, 2009, p. 29.
    [7] Íbidem, p. 33.
    [8] «Muñeco de sombra» que podía ser controlado mecánicamente para producir una variedad limitada de posturas. La primera representación pública de Mechanische Dansfiguur tuvo lugar en 1920.
    [9] Doesburg, Th. van, “La lucha por el nuevo estilo”, en Principios del nuevo arte plástico y otros escritos, Murcia, Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos, 1985, pp. 186-187
    [10] White, M., op cit., pp. 27-28.
    [11] El original está escrito en francés. He traducido el manifiesto de la versión en inglés de Michael White. Doesburg, Th. van, “Dada Holland I.K.B. Manifesto 0,96013” en White, M., op cit., p. 47.
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DE LA LITERATURA GÓTICA A LOS POETAS MALDITOS Por ADOLFO VÁSQUEZ ROCCA

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<http://revista.escaner.cl/node/42>
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